Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas)

Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.132

Indice General | Volver

Página 132 de 547



-Será a menudo, estad tranquilo, porque he hallado un gusto extremo con vuestra conversación.
-¡Oh, monseñor!
-Hasta la vista, señor Bonacieux, hasta la vista.
Y el cardenal le hizo una señal con la mano, a la que Bonacieux respondió inclinándose hasta el suelo; luego salió a reculones, y cuando estuvo en la antecámara el cardenal le oyó que en su entusiasmo, se desgañitaba a grito pelado: «¡Viva monseñor! ¡Viva Su Eminencia! ¡Viva el gran cardenal!» El cardenal escuchó sonriendo aquella brillante manifestación de sentimientos entusiastas de maese Bonacieux; luego, cuando los gritos de Bonacieux se hubieron perdido en la lejanía:
-Bien -dijo-. De ahora en adelante será un hombre que se haga matar por mí.
Y el cardenal se puso a examinar con la mayor atención el mapa de La Rochelle que, como hemos dicho, estaba extendido sobre su escritorio, trazando con un lápiz la línea por donde debía pasar el famoso dique que dieciocho meses más tarde cerraba el puerto de la ciudad sitiada.
Cuando se hallaba en lo más profundo de sus meditaciones estratégicas, la puerta volvió a abrirse y Rochefort entró.
-¿Y bien? -dijo vivamente el cardenal, levantándose con la presteza que probaba el grado de importancia que concedía a la comisión que había encargado al conde.
-¡Y bien! -dijo éste-. Una mujer de veintiséis a veintiocho años y un hombre de treinta y cinco a cuarenta años se han alojado, efectivamente, el uno cuatro días y la otra cinco, en las casas indicadas por Vuestra Eminencia; pero la mujer ha partido esta noche pasada y el hombre esta mañana.
-¡Eran ellos! -exclamó el cardenal, que miraba el péndulo-. Y ahora -continuó-, es demasiado tarde para correr tras ellos: la duquesa está en Tours y el duque en Boulogne. Es en Londres donde hay que alcanzarlos.
-¿Cuáles son las órdenes de Vuestra Eminencia?
-Ni una palabra de lo que ha pasado; que la reina permanezca totalmente segura; que ignore que sabemos su secreto, que crea que estamos a la busca de una conspiración cualquiera. Enviadme al guardasellos Séguier.
-¿Y ese hombre, ¿qué ha hecho de él Vuestra Eminencia?
-¿Qué hombre? -preguntó el cardenal.
-El tal Bonacieux.
-He hecho todo lo que se podía hacer con él. Lo he convertido en espía de su mujer.
El conde de Rochefort se inclinó como hombre que reconocía la gran superioridad del maestro, y se retiró.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-500   501-547  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados