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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.130

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-Sí, pero para coger un pequeño cofre de palo de rosa con sus iniciales y salir en seguida.
-Y cuando ha vuelto más tarde, ¿traía el cofre?
-No.
-¿La señora de Lannoy sabía qué había en ese cofre?
-Sí, los herretes de diamantes que Su Majestad ha dado a la reina.
-¿Y ha vuelto sin ese cofre?
-Sí.
-¿La opinión de la señora de Lannoy es que se los ha entregado a Buckingham?
-Está segura.
-¿Y cómo?
-Durante el día, la señora de Lannoy, en su calidad de azafata de atavío de la reina, ha buscado ese cofre, se ha mostrado inquieta al no encontrarlo y ha terminado por pedir noticias a la reina.
-¿Y entonces, la reina?...
-La reina se ha puesto muy roja y ha respondido que por haber roto la víspera uno de sus herretes lo había enviado a reparar a su orfebre.
-Hay que pasar por él y asegurarse si la cosa es cierta o no.
-Ya he pasado.
-Y bien, ¿el orfebre?
-El orfebre no ha oído hablar de nada.
-¡Bien! ¡Bien! Rochefort, no todo está perdido, y quizá..., quizá todo sea para mejor.
-El hecho es que no dudo de que el genio de Vuestra Eminencia...
-Reparará las tonterías de mi guardia, ¿no es eso?
-Es precisamente lo que iba a decir si Vuestra Eminencia me hubiera dejado acabar mi frase.
-Ahora, ¿sabéis dónde se ocultaban la duquesa de Chevreuse y el duque de Buckingham?
-No, monseñor, mis gentes no han podido decirme nada positivo al respecto.
-Yo sí lo sé.
-¿Vos, monseñor?
-Sí, o al menos lo creo. Estaban el uno en la calle de Vaugirard, número 25, y la otra en la calle de La Harpe, número 75.
-¿Quiere Vuestra Eminencia que los haga arrestar a los dos?
-Será demasiado tarde, habrán partido.
-No importa, podemos asegurarnos.
-Tomad diez hombres de mis guardias y registrad las dos casas.
-Voy monseñor.
Y Rochefort se abalanzó fuera de la habitación.
El cardenal, ya solo, reflexionó un instante y llamó por tecera vez. Apareció el mismo oficial.
-Haced entrar al prisionero -dijo el cardenal.
Maese Bonacieux fue introducido de nuevo y, a una seña del cardenal, el oficial se retiró.


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