Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.120
Indice General
|
Volver
Página 120 de 547
-¿De verdad? -preguntó el comisario con aire de duda-. Si realmente fuera así, ¿cómo es que estáis en la Bastilla?
-Cómo estoy, o mejor, por qué estoy -replicó el señor Bonacieux-, eso es lo que me es completamente imposible deciros, dado que yo mismo lo ignoro; pero a buen seguro no es por haber contrariado, conscientemente al menos, al señor cardenal.
-Sin embargo, es preciso que hayáis cometido un crimen, puesto que estáis aquí acusado de alta traición.
-¡De alta traición! -exclamó Bonacieux-. ¡De alta traición! ¿Y cómo queréis vos que un pobre mercero que detesta a los hugonotes y que aborrece a los españoles esté acusado de alta traición? Reflexionad, señor, es materialmente imposible.
-Señor Bonacieux -dijo el comisario mirando al acusado como si sus pequeños ojos tuvieran la facultad de leer hasta lo más profundo de los corazones-, señor Bonacieux, ¿tenéis mujer?
-Sí, señor -respondió el mercero todo temblando, sintiendo que ahí era donde el asunto iba a embrollarse-; es decir, la tenía.
-¿Cómo? ¡La teníais! ¿Pues qué habéis hecho de ella, si ya no la tenéis?
-Me la han raptado, señor.
-¿Os la han raptado? -prosiguió el comisario-. ¿Y sabéis quién es el hombre que ha cometido ese rapto?
-Creo conocerlo.
-¿Quién es?
-Pensad que yo no afirmo nada, señor comisario, y que yo sólo sospecho.
-¿De quién sospecháis? Veamos, responded con franqueza.
El señor Bonacieux se hallaba en la mayor perplejidad: ¿debía negar todo o decir todo? Negando todo, podría creerse que sabía demasiado para confesar; diciendo todo, daba prueba de buena voluntad. Se decidió por tanto a decirlo todo.
-Sospecho -dijo- de un hombre alto, moreno, de buen aspecto, que tiene todo el aire de un gran señor; nos ha seguido varias ve ces, según me ha parecido, cuando iba a esperar a mi mujer al postigo del Louvre para llevarla a casa.
El comisario pareció experimentar cierta inquietud.
-¿Y su nombre? -dijo.
-¡Oh! En cuanto a su nombre, no sé nada, pero si alguna vez lo vuelvo a encontrar lo reconoceré al instante, os respondo de ello, aunque fuera entre mil personas.
La frente del comisario se ensombreció.
-¿Lo reconoceríais entre mil, decís? -continuo.
-Es decir -prosiguió Bonacieux, que vio que había ido descaminado-, es decir...
-Habéis respondido que lo reconoceríais -dijo el comsario-; está bien, basta por hoy; antes de que sigamos adelante es preciso que alguien sea prevenido de que conocéis al raptor de vuestra mujer.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-547
|