Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.117
Indice General
|
Volver
Página 117 de 547
Pero esa palabra que acabáis de decirme, esa esperanza que casi me habéis dado, lo habrá pagado todo, incluso mi vida.
-¡Y bien! -dijo Ana de Austria-. Yo también, duque, tengo presentimientos, también yo tengo sueños. He soñado que os veía tendido, sangrando, víctima de una herida.
-¿En el lado izquierdo, no es verdad, con un cuchillo? -interrumpió Buckingham.
-Sí, eso es, milord, eso es, en el lado izquierdo, con un cuchillo. ¿Quién ha podido deciros que yo había tenido ese sueño? No lo he confiado más que a Dios, a incluso en mis plegarias.
-No quiero más, y vos me amáis, señora, está claro.
-¿Que yo os amo?
-Sí, vos. ¿Os enviaría Dios los mismos sueños que a mí si no me amaseis? ¿Tendríamos los mismos presentimientos si nuestras dos existencias no estuvieran en contacto por el corazón? Vos me amáis, oh, reina, y ¿me lloraréis?
-¡Oh, Dios mío, Dios mío! -exclamó Ana de Austria-. Es más de lo que puedo soportar. Mirad, duque, en el nombre del cielo, partid, retiraos; no sé si os amo o si no os amo, pero lo que sé es que no seré perjura. Tened, pues, piedad de mí y partid. ¡Oh! Si fuerais herido en Francia, si murieseis en Francia, si pudiera suponer que vuestro amor por mí fue causa de vuestra muerte, no me consolaría jamás, me volvería loca por ello. Partid, pues, partid, os lo suplico.
-¡Oh, qué bella estáis así! ¡Cuánto os amo! -dijo Buckingham.
-¡Partid, partid! Os lo suplico, y volved más tarde; volved como embajador, volved como ministro, volved rodeado de guardias que os defiendan, de servidores que vigilen por vos, y entonces no temeré más por vuestra vida y sentiré dicha en volveros a ver.
-¡Oh! ¿Es cierto lo que me decís?
-Sí...
-Pues entonces, una prenda de vuestra indulgencia, un objeto que venga de vos y que me recuerde que no he tenido un sueño; algo que vos hayáis llevado y que yo pueda llevar a mi vez, un anillo, un collar, una cadena.
-¿Y os iréis, os iréis si os doy lo que me pedís?
-Sí.
-¿En el mismo momento?
-Sí.
-¿Abandonaréis Francia, volveréis a Inglaterra?
-Sí, os lo juro.
-Esperad, entonces, esperad.
Y Ana de Austria regresó a sus habitaciones y salió casi al momento, llevando en la mano un pequeño cofre de palo de rosa con sus iniciales, incrustado de oro.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-547
|