Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas)

Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.115

Indice General | Volver

Página 115 de 547


Vos esta bais apoyada en mi brazo, mirad, en éste. Al inclinar mi cabeza a vuestro lado, yo sentía vuestros hermosos cabellos rozar mi rostro, y cada vez que me rozaban yo temblaba de la cabeza a los pies. ¡Oh, reina, reina! ¡Oh! No sabéis cuánta felicidad del cielo, cuánta alegría del paraíso hay encerradas en un momento semejante. Mirad, mis bienes, mi fortuna, mi gloria, ¡todos los días que me quedan por vivir a cambio de un momento semejante y de una noche parecida! Porque esa noche, señora, esa noche vos me amabais, os lo juro.
-Milord, es posible, sí, que la influencia del lugar, que el encanto de aquella hermosa noche, que la fascinación de vuestra mirada, que esas mil circunstancias, en fin, que se juntan a veces para perder a una mujer, se hayan agrupado en torno mío en aquella noche fatal; pero ya lo visteis, milord; la reina vino en ayuda de la mujer que flaqueaba: a la primera palabra que osasteis decir, a la primera osadía a la que tuve que responder, pedí ayuda.
-¡Oh! Sí, sí, eso es cierto, y cualquier otro amor distinto al mío habría sucumbido a esa prueba; pero mi amor, en mi caso, ha salido de ella ardiente y más eterno. Creisteis huir de mí volviendo a París, creisteis que no osaría abandonar el tesoro que mi amo me había encargado vigilar. ¡Ah, qué me importan a mí todos los tesoros del mundo ni todos los reyes de la tierra! Ocho días después, yo estaba de regreso, señora. Y esa vez, nada tuvisteis que decirme: yo había arries­gado mi favor, mi vida, por veros un segundo, no toqué siquiera vuestra mano, y vos me perdonasteis al verme tan sometido y arrepentido.
-Sí, pero la calumnia se ha apoderado de todas esas locuras en las que yo no contaba para nada, y vos lo sabéis bien, milord. El rey, excitado por el señor cardenal, organizó un escándalo terrible: la señora de Vernet ha sido echada, Putange exiliado, la señora de Chevreuse ha caído en desgracia, y cuando vos quisisteis volver como embajador de Francia, recordad, milord, que el rey mismo se opuso.
-Sí, y Francia va a pagar con una guerra el rechazo de su rey. Yo no puedo veros, señora; pues bien, quiero que cada día oigáis hablar de mí. ¿Qué otro objetivo pensáis que han tenido esa expedición de Ré y esa liga con los protestantes de la Rochelle que proyecto? ¡El placer de veros!.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-500   501-547  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados