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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.108

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-Yo no los encontré, no han venido.
-Pero pueden venir de un momento a otro, porque tú les dejaste el recado de que los esperaba.
-Sí, señor.
-Bueno, no te muevas de aquí; si vienen, avísales de lo que me ha pasado, que me esperen en la taberna de la Pomme du Pin; aquí habría peligro, la casa puede ser espiada. Corro a casa del
señor de Tréville para anunciarle todo esto, y me reúno con ellos.
-Está bien, señor -dijo Planchet.
-Pero tú te quedas, tú no tengas miedo -dijo D´Artagnan volviendo sobre sus pasos para recomendar valor a su lacayo.
-Estad tranquilo, señor -dijo Planchet-; no me conocéis todavía: soy valiente cuando me pongo a ello; la cosa consiste en ponerme; además, soy picardo.
-Entonces, de acuerdo -dijo D´Artagnan-; te haces matar antes que abandonar tu puesto.
-Sí, señor, y no hay nada que no haga para probar al señor que le soy adicto.
-Bueno -se dijo a sí mismo D´Artagnan-, parece que el método que empleé con este muchacho es decididamente bueno; lo usaré en su momento.
Y con toda la rapidez de sus piernas, algo fatigadas ya sin embargo por las carreras de la jornada, D´Artagnan se dirigió hacia la calle du Vieux-Colombier.
El señor de Tréville no estaba en su palacio; su compañía se hallaba de guardia en el Louvre; él estaba en el Louvre con su compañía.
Había que llegar hasta el señor de Tréville; era importante que fuera prevenido de lo que pasaba. D´Artagnan decidió entrar en el Louvre. Su traje de guardia de la compañía del señor Des Essarts debía servirle de pasaporte.
Descendió, pues, la calle des Petits-Augustins y subió el muelle para tomar el Pont-Neuf. Por un instante tuvo la idea de pasar en la barca, pero al llegar a la orilla del agua había introducido maquinalmente su mano en el bolsillo y se había dado cuenta de que no tenía con qué pagar al barquero.
Cuando llegaba a la altura de la calle Guénégaud, vio desembocar de la calle Dauphine un grupo compuesto por dos personas cuyo aspecto le sorprendió.
Las dos personas que componían el grupo eran: la una, un hombre; la otra, una mujer.
La mujer tenía el aspecto de la señora Bonacieux, y el hombre se parecía a Aramis hasta el punto de ser tomado por él.


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