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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.107

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D´Artagnan prosiguió su camino, había dado su palabra de no espiar a la señora Bonacieux, y aunque la vida de ella dependiera del lugar adonde había ido a reunirse, o de la persona que debía acompañarla, D´Artagnan habría vuelto a su casa, puesto que había dicho que volvía. Cinco minutos después estaba en la calle des Fossoyeurs.
-Pobre Athos -decía-, no sabrá lo que esto quiere decir. Se habrá dormido mientras me esperaba, o habrá regresado a su casa, y al volver se habrá enterado de que había ido allí una mujer. ¡Una mujer en casa de Athos! Después de todo -continuó D´Artagnan-, también había una en casa de Aramis. Todo esto es muy extraño y me intriga mucho saber cómo va a terminar.
-Mal, señor, mal -respondió una voz que el joven reconoció como la de Planchet; porque monologando en voz alta, a la manera de las personas muy preocupadas, se había adentrado por el camino al fondo del cual estaba la escalera que conducía a su habitación.
-¿Cómo mal? ¿Qué quieres decir, imbécil? -preguntó D´Arta gnan-. ¿Qué ha pasado?
-Toda clase de desgracias.
-¿Cuáles?
-En primer lugar, el señor Athos está arrestado.
-¡Arrestado! ¡Athos! ¡Arrestado! ¿Por qué?
-Lo encontraron en vuestra casa; lo tomaron por vos.
-¿Y quién lo ha arrestado?
-La guardia que fueron a buscar los hombres negros que vos pusisteis en fuga.
-¡Por qué no ha dicho su nombre! ¿Por qué no ha dicho que no tenía nada que ver con este

asunto?
-Se ha guardado mucho de hacerlo, señor; al contrario, se ha acercado a mí y me ha dicho: «Es tu amo el que necesita su libertad en este momento, y no yo, porque él sabe todo y yo no sé nada. Le creerán arrestado, y esto le dará tiempo; dentro de tres días diré quién soy, y entonces tendrán que dejarme salir.»
-¡Bravo, Athos! Noble corazón -murmuró D´Artagnan-, en eso le reconozco. ¿Y qué han hecho los esbirros?
-Cuatro se lo han llevado no sé adónde, a la Bastilla o al Fort-l´Evêque; dos se han quedado con los hombres negros, que han registrado por todas partes y que han cogido todos los papeles. Por fin, los dos últimos, durante esta comisión, montaban guardia en la puerta; luego, cuando todo ha acabado, se han marchado dejando la casa vacía y completamente abierta.
-¿Y Porthos y Aramis?


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