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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.48

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Entonces Porthos y Aramis se acercaron inmediatamente uno a otro, mientras Jussac alineaba a sus hombres.
Este solo momento bastó a D´Artagnan para tomar una decisión: era uno de esos momentos que deciden la vida de un hombre, había que elegir entre el rey y el cardenal; hecha la elección, había que perseverar en ella. Batirse, es decir, desobedecer la ley, es decir, arriesgar la cabeza, es decir, hacerse de un solo golpe enemigo de un ministro más poderoso que el rey mismo, eso es lo que vislumbró el joven y, digámoslo en alabanza suya, no dudó un segundo. Voviéndose, pues, hacia Athos y sus amigos dijo:
-Señores, añadiré, si os place, algo a vuestras palabras. Habéis dicho que no sois más que tres, pero a mí me parece que somos cuatro.
-Pero vos no sois de los nuestros -dijo Porthos.
-Es cierto -respondió D´Artagnan-; no tengo el hábito, pero sí el alma. Mi corazón es mosquetero, lo siento de sobra, señor, y eso me entusiasma.
-Apartaos, joven -gritó Jussac, que sin duda por sus gestos y la expresión de su rostro había adivinado el designio de D´Artagnan-. Podéis retiraros, os lo permitimos. Salvad vuestra piel, de prisa.
D´Artagnan no se movió.
-Decididamente sois un valiente -dijo Athos apretando la mano del joven.
-¡Vamos, vamos, tomemos una decisión! -prosiguió Jussac.
-Veamos -dijeron Porthos y Aramis-, hagamos algo.
-El señor está lleno de generosidad -dijo Athos.
Pero los tres pensaban en la juventud de D´Artagnan y temían su inexperiencia.
-No seremos más que tres, uno de ellos herido, además de un niño -prosiguió Athos-, y no por eso dejarán de decir que éramos cuatro hombres.
-¡Sí, pero retroceder...! -dijo Porthos.
-Es difícil -añadió Athos.
D´Artagnan comprendió su falta de resolución.
-Señores, ponedme a prueba -dijo-, y os juro por mi honor que no quiero marcharme de aquí si somos vencidos.
-¿Cómo os llamáis, valiente? -dijo Athos.
-D´Artagnan, señor.
-¡Pues bien, Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan, adelante! -gritó Athos.
-¿Y bien? Veamos, señores, ¿os decidís a decidiros? -gritó por tercera vez Jussac.
-Está resuelto, señores -dijo Athos.
-¿Y qué decisión habéis tomado? -preguntó Jussac.
-Vamos a tener el honor de cargar contra vos -respondió Aramis, alzando con una mano su sombrero y sacando su espada con la otra.


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