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Los tres mosqueteros (Alejandro Dumas) - pág.25

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Sabéis bien, Porthos, que sigo estudiando teología para ello.
-Hará lo que dice -prosiguió Porthos-, lo hará tarde o temprano.
-Temprano -dijo Aramis.
-Sólo espera una cosa para decidirse del todo y volver a ponerse su sotana, que está colgada debajo del uniforme, prosiguió un mosquetero.
-¿Y a qué espera? -preguntó otro.
-Espera a que la reina haya dado un heredero a la corona de Francia.
-No bromeemos sobre esto, señores -dijo Porthos-; gracias a Dios, la reina está todavía en edad de darlo.
-Dicen que el señor de Buckingham está en Francia -prosiguió Aramis con una risa burlona que daba a aquella frase, tan simple en apariencia, una significación bastante escandalosa.
-Aramis, amigo mío, por esta vez os equivocáis -interrumpió Porthos-, y vuestra manía de ser ingenioso os lleva siempre más allá de los límites; si el señor de Tréville os oyese, os arrepentiríais de hablar así.
-¿Vais a soltarme la lección, Porthos? -exclamó Aramis, con ojos dulces en los que se vio pasar como un relámpago.
-Querido, sed mosquetero o abad. Sed lo uno o lo otro, pero no lo uno y lo otro -prosiguió Porthos-. Mirad, Athos os lo acaba de decir el otro día: coméis en todos los pesebres. ¡Ah!, no nos enfademos, os lo suplico, sería inútil, sabéis de sobra lo que hemos convenido entre vos, Athos y yo. Vais a la casa de la señora D´Aiguillon, y le hacéis la corte; vais a la casa de la señora de Bois-Tracy, la prima de la señora de Chevreuse, y se dice que vais muy adelantado en los favores de la dama. ¡Dios mío!, no confeséis vuestra felicidad, no se os pide vuestro secreto, es conocida vuestra discreción. Pero dado que poseéis esa virtud, ¡qué diablos!, usadla para con Su Majestad. Que se ocupe quien quiera y como se quiera del rey y del cardenal; pero la reina es sagrada, y si se habla de ella, que sea para bien.
Porthos, sois pretencioso como Narciso, os lo aviso -respondió Aramis-, sabéis que odio la moral, salvo cuando la hace Athos. En cuanto a vos, querido, tenéis un tahalí demasiado magnífico para estar fuerte en la materia. Seré abad si me conviene; mientras tanto, soy mos­quetero: y en calidad de tal digo lo que me place, y en este momento me place deciros que me irritáis.


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