La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.480
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-Escuchad, señor -dijo Catalina -. No hay tiempo que perder y lo estamos perdiendo en vanas discusiones y recíprocas cortesías. Hablemos cada cual como lo que somos; como rey y como reina. Si aceptáis la regencia, sois hombre muerto.
Enrique pensó que el rey vivía y dijo:
-Señora, Dios tiene en sus manos la vida de los hombres y de los reyes. Él me inspirará. Que avisen a Su Majestad que estoy dispuesto a comparecer ante su presencia.
-Reflexionad, señor.
-Hace dos años que estoy proscrito y un mes que estoy preso -respondió Enrique con grav edad-. ¡He tenido tiempo de reflexionar, señora, y he reflexionado! Tened, pues, la bondad de bajar primero y de decirle al rey que os sigo inmediatamente. Estos dos valientes -agregó Enrique señalando a los soldadoscuidarán de que no me escape, aunque la verdad es que no pienso hacer tal cosa.
Había tal acento de firmeza en las palabras de Enrique, que Catalina, comprendiendo que todas sus tentativas, cualquiera que fuese la forma como las disfrazara, no ejercerían ninguna influencia sobre él, bajó precipitadamente la escalera.
En cuanto hubo desaparecido, Enrique corrió al parapeto a hizo una seña a De Mouy que significaba: «acercaos y estad dispuesto para cualquier posible emergencia».
De Mouy, que se había bajado del caballo, montó en seguida y, llevando al otro de las riendas, fue al ga lope a situarse a dos tiros de mosquete del torreón.
Enrique le dirigió un saludo de gratitud y descendió la escalera del torreón.
En el primer descansillo halló a los dos soldados que le estaban esperando.
Una doble hilera de suizos y de soldados de caballería ligera vigilaban la entrada de los patios; era preciso recorrer un camino bordeado de partesanas para entrar y salir del castillo.
Catalina le esperaba allí. Al verle hizo señas a los dos soldados que le seguían para que se apartasen, y cogiéndole por el brazo le dijo:
-Este patio tiene dos puertas; si rechazáis la regencia, en aquella que veis detrás de los aposentos del rey os espera un buen caballo y la libertad; si escucháis a la ambición, volveréis a entrar por la que acabáis de salir... ¿Qué decís?
-Digo que si el rey me nombra regente, seré yo, señora, y no vos quien dará órdenes a estos soldados. Digo que si salgo del castillo esta noche, todas estas picas, alabardas y mosquetes se inclinarán ante mí.
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