La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.477
Indice General
|
Volver
Página 477 de 497
La madre tenía un remordimiento, la reina un temor y la envenenadora un recrudecimiento de su odio.
Este último sentimiento fue el que dominó a los otros.
-¡Maldito sea! -gritó precipitándose fuera del aposento-. ¡Triunfa! ¡Consigue su objeto! ¡Sí, maldito, maldito sea!...
-¿Habéis oído? Llamad a mi hermano -dijo Carlos persiguiendo a su madre con la voz -, a mi hermano Enrique; quiero hablarle inmediatamente acerca de la regencia del reino.
Casi al mismo tiempo que salía Catalina, había entrado Ambrosio Paré por la puerta de enfrente. Deteniéndose en el umbral y olfateando el olor que había en la alcoba preguntó:
-¿Quién ha quemado arsénico?
-Yo -dijo Carlos.
XXXII
LA PLATAFORMA DEL CASTILLO DE VINCENNES
Enrique de Navarra se paseaba solo y pensativo por la terraza del torreón en que estaba preso; sabía que la corte estaba en el castillo que veía a cien pasos de él, y a través de sus muros su mirada penetrante adivinaba a Carlos moribundo.
El cielo estaba claro y sereno; un ancho rayo de sol se extendía por la llanura y bañaba de un oro fluido las copas de los árboles del bosque, orgullosos de la riqueza de su primer follaje. .
Hasta las mismas piedras grises del torreón parecían impregnarse del suave calor de la atmósfera, y los alhelíes, llevados por el soplo de los vientos del este y adheridos a las hendiduras de la muralla, abrían sus pétalos de terciopelo rojo y amarillo a los besos de una brisa tibia.
Las miradas de Enrique no se paraban en aquellas verdes praderas, ni en las doradas copas de los árboles, sino que proseguían, ardientes de ambición, hacia la capital de Francia, destinada a ser un día la capital del mundo.
« ¡París! -pensaba el rey de Navarra-. Allí está París, es decir, la alegría, el triunfo, la gloria, la dicha; París, donde está el Louvre, y el Louvre, donde está el trono. ¡Y pensar que una sola cosa me separa de ese París tan deseado!... Estas piedras que ahora nos encierran a mí y a mi enemigo.»
Al apartar su vista de París divisó a su izquierda, en un v alle poblado de almendros en flor, a un hombre so bre cuya coraza se reflejaba insistentemente un rayo de sol, proyectándose en mil direcciones distintas según los movimientos que el hombre hacía.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
451
452
453
454
455
456
457
458
459
460
461
462
463
464
465
466
467
468
469
470
471
472
473
474
475
476
477
478
479
480
481
482
483
484
485
486
487
488
489
490
491
492
493
494
495
496
497
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-497
|