Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Reina Margot (Alejandro Dumas)

La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.453

Indice General | Volver

Página 453 de 497



Aquella tortura suponía para Coconnas la pérdida total de sus esperanzas; no sería llevado a la capilla sino después de la tortura y eran muy pocos los que sobrevivían a ella. Más aún; cuanto más valiente y fuerte era la víctima, más segura era su muerte, pues se consideraba como una cobardía el confesar, y mientras no se confesaba, la tortura proseguía cada vez con mayor crueldad.
El juez no se tomó la molestia de responder a Co connas, pues la última parte de la sentencia era lo bas­tante expresiva como para satisfacer cualquier curiosidad por parte de la víctima, de modo que continuó la lectura:
-«Con el objeto de obligarle a delatar a sus cóm plices y de que confiese en todos sus detalles sus planes y maquinaciones...»
-¡Voto al diablo! -exclamó Coconnas-. ¡Esto es lo que se llama una infamia! Más aún; esto es lo que yo llamo una cobardía.
Acostumbrado a la indignación de los reos, indignación que el sufrimiento apacigua convirtiéndose en lágrimas, el juez, impasible, no hizo más que un gesto para avisar a sus subordinados.
Coconnas fue levantado por los pies y por los hombros y atado sobre el lecho del tormento antes de que hubiese tenido tiempo de v er a quienes cometían con él tamaña violencia.
-¡Miserables! -vociferaba Coconnas, sacudiendo en el paroxismo de su cólera el caballete sobre el que se hallaba tendido, de tal manera que hizo retroceder a los mismos verdugos-. ¡Miserables! ¡Torturadme, matadme, hacedme pedazos, pero nada sabréis, os lo juro! ¡Ah! ¿Creéis que con trozos de madera o de hierro haréis hablar a un hombre como yo? ¡Probad: os desafío!
-Disponeos a escribir-ordenó el juez al notario.
-¡Sí, prepárate! -aulló Coconnas-. Y si pien sas escribir lo que salga de mi boca, infame verdugo, tendrás para rato. Escribe, escribe...
-¿Queréis hacer alguna revelación? -dijo el juez sin inmutarse.
-¡Ninguna! ¡No diré ni una sola palabra! ¡Idos al diablo!
-Podéis reflexionar durante los preparat ivos, señor. Vamos, maestro, ajustadle los borceguíes a este señor.
Al oír estas palabras, el hombre que había permanecido hasta entonces de pie a inmóvil con las cuerdas en la mano, se apartó de la columna y, andando lentamente, se aproximó a Coconnas, quien, por su parte, volvió hacia él la cabeza para insultarle.
Era maese Caboche, el verdugo de la ciudad de París.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 451 452 453 454 455 456 457 458 459 460 461 462 463 464 465 466 467 468 469 470 471 472 473 474 475 476 477 478 479 480 481 482 483 484 485 486 487 488 489 490 491 492 493 494 495 496 497 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-497  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados