La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.452
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-¡Oh! -murmuró Coconnas-. ¿Qué significa esto? La sala del tormento preparada y al parecer en espera de la víctima.
-¡De rodillas, Marco Annibal de Coconnas! -dijo una voz que hizo alzar la vista al caballero -. ¡De
rodillas para oír la sentencia dictada contra vos!
Era ésta una de aquellas invitaciones contra las que el piamontés se sublevaba instintivamente.
Cuando se disponía a resistir, dos hombres le empujaron por la espalda de un modo tan inesperado y sobre todo tan convincente que cayó de rodillas sobre el suelo.
La voz continuó:
-«Sentencia pronunciada por el tribunal reunido en la fortaleza de Vincennes contra Marco Annibal de Coconnas, acusado y convicto del crimen de lesa Majestad, de tentativa de envenenamiento, acompañada de sortilegio y magia contra la persona del rey; del crimen de conspiración contra la seguridad del Estado, como así también de haber arrastrado a la rebelión, con sus perniciosos consejos, a un príncipe de la familia real... »
A cada una de estas imputaciones, Coconnas movía la cabeza, marcando el compás de la lectura como hacen los escolares dóciles.
El juez prosiguió:
-«En consecuencia de lo cual, el mencionado Marco Annibal de Coconnas será conducido desde la prisión a la plaza de Saint-Jean-en-Grève para ser allí decapitado; sus bienes serán confiscados, talados sus bosques a la altura de seis pies y derribados sus castillos, clavando en su lugar un poste con una plancha de cobre en la que figuren el crimen y el castigo.»
-En cuanto a mi cabeza -dijo Coconnas-, no dudo que me la cortarán, pues se halla en Francia y muy expuesta, pero en lo que se refiere a mis bosques y a mis castillos, desafío a todas las sierras y picas del cristianísimo reino a que hagan mella en mis bienes.
-¡Silencio! -ordeñó el juez, y continuó-: «Además, el referido Coconnas...»
-¿Cómo? -interrumpió el aludido -. ¿Me harán algo más después de cortarme la cabeza? ¡Oh! ¡Oh! ¡Me parece demasiado!
-No, señor, después no, antes -dijo el juez y siguió leyendo.
-«Además, el referido Coconnas, antes de la ejecución de la sentencia, sufrirá el tormento extraordina rio que consta de diez cuñas.»
Coconnas dio un salto fulminando al juez con una mirada centelleante.
-¿Y para qué? -dijo, no hallando más que estas ingenuas palabras para expresar la multitud de ideas que acudían a su mente.
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