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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.449

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-¿Con qué motivo estuvieron en vuestra casa? Renato pareció dudar un momento. -Para encargarme una figurita de cera.
-Perdonad, perdonad, maese Renato -dijo Co connas-, cometéis un pequeño error
-¡Silencio! -ordenó el presidente
Y volviéndose hacia el perfumista continuó
-¿Esa figurita era de hombre o de mujer
-De hombre -contestó Renato
Coconnas saltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica
-¿De hombre? -dijo
-Sí, de hombre -repitió Renato, pero con voz tan débil, que el presidente apenas si le oyó
-¿Y por qué razón había de tener la estatua un man to real y una corona
-Porque había de representar a un rey
-¡Mentiroso! -gritó Coconnas desesperado
-Cállate, Coconnas, cállate -interrumpió La Mole -, deja h ablar a este hombre; cada cual es dueño de
perder su alma. -¡Pero no el cuerpo de los demás, voto al diablo! -¿Y qué significa esa aguja de acero que tiene la estatua clavada en el corazón con un papel donde puede
leerse la letra M? -La aguja figura una espada o un puñal y la letra quiere decir «muerte». Coconnas se precipitó sobre Renato como para estrangularle, pero los guardias le contuvieron. -Está bien -dijo el procurador Laguesle-, el tribunal está suficientemente informado. Conducid a los
acusados a las celdas de espera. -Pero -vociferaba Coconnas- es imposible no protestar al ver que se nos acusa de hechos semejantes. -Protestad, señor, nadie os lo impide -dijo el procurador, y añadió dirigiéndose a los guardias-: ¿Habéis
oído? Los guardias se apoderaron de los dos acusados y les obligaron a salir a cada uno por una puerta. El procurador hizo señas al hombre que había visto Coconnas en la oscuridad y le dijo: -No os alejéis, maese; habrá trabajo para vos esta noche. -¿Por cuál comenzaré, señor? -preguntó el hombre, quitándose respetuosamente la gorra. -Por aquél -dijo el presidente señalando a La Mole, a quien aún se divisaba como una sombra entre sus
dos guardianes. Luego, acercándose a Renato, que había permanecido de pie, tembloroso, en espera de ser conducido de nuevo a la prisión del Chátelet donde estaba encerrado, le dijo: -Está bien, señor, tranquilizaos, la reina y el rey sabrán que es a vos a quien deben el esclarecimiento de la verdad. En lugar de reanimarle, aquella promesa pareció aterrar a Renato, quien respondió con un profundo sus­piro.
XXVII
EL TORMENTO DE LOS BORCEGUÍES
Una vez que se vio encerrado en su nuevo calabo zo, Coconnas, entregado a sí mismo y sin la excitación que le produjera la lucha contra sus jueces y la declaración hecha por Renato, empezó a hacerse una serie de tristes reflexiones.


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