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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.447

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-Reunirme con el señor de La Mole, mi amigo, a quien aquí veis, que había sido abandonado por el du­
que hacía unos cuantos días. -¿Qué hacíais en la cacería cuando os detuvieron? -Pues... cazaba -respondió Coconnas. -El rey participaba también en la caza y f ue durante su transcurso cuando sintió los primeros síntomas del
mal que en este momento padece. -En cuanto a eso yo no estaba cerca del rey y nada puedo decir. Hasta ignoraba que hubiese sufrido mal
alguno. Los jueces se miraron sonriendo incrédulamente. -¡Ah! ¿Conque no lo sabíais? -dijo el presidente. -No, señor, y lo lamento. Aunque el rey de Fran cia no sea mi soberano, siento una gran simpatía por él. -¿De veras? -¡Palabra de honor! No es como si se tratase de su hermano, el duque de Alençon. A ése, confieso... -No se trata aquí del duque de Alençon, señor, sino de Su Majestad. -Ya os he dicho que soy su humilde servidor -respondió Coconnas, contoneándose con una inso lencia
encantadora. -Si sois efectivamente su servidor, como preten déis, ¿queréis decirnos cuanto sepáis de cierta estatuita
mágica? -¡Vaya! Volvemos a la historia de la estatuita, según parece. -Sí, señor, ¿no os agrada? -Al contrario, prefiero esto; empezad. -¿Por qué estaba esta estatuita en el aposento del señor de La Mole? -¿En el aposento del señor de La Mole? En el de Renato, querréis decir. -¿Reconocéis entonces que existe? -¡Demonios! Si me la estáis enseñando.
-¿Es ésta la que conocéis
-Sí
-Escribid -ordenó el presidente- que el acusa do reconoce la estatua por haberla vist o en el aposento del
señor de La Mole. -No, no, no confundamos -dijo Coconnas-. por haberla visto en casa de Renato. -¡Sea! En casa de Renato. ¿Qué día? -El único día que estuvimos allí La Mole y un servidor. -¿Confesáis entonces que estuvisteis con el señor de La Mole en casa de Renato? -¿Acaso lo he ocultado alguna vez? -Escribano, apuntad que el acusado confiesa haber estado en casa de Renato para hacer conjuros. -¡Más despacio, señor presidente, más despacio! Moderad vuestro entusiasmo, os lo ruego; no he dicho
nada de eso. -¿Negáis que estuvisteis en casa de Renato para hacer conjuros? -Lo niego, la cosa surgió de una manera acciden tal, pero no con premeditación. -Pero el caso es que tuvo lugar. -No he de negar que se hizo algo semejante a un hechizo.


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