Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Reina Margot (Alejandro Dumas)

La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.430

Indice General | Volver

Página 430 de 497


Creo que tenéis razón, madre mía.
-Y como no conviene a mi corazón ni al bien del Estado que estéis tanto tiempo enfermo -siguió Cata­lina-, puesto que vuestra moral podría llegar a que brantarse, he decidido reunir a los más sabios doctores.
-¿En el arte de la medicina, señora?
-No, en un arte más profundo, en el arte que no sólo permite leer en los cuerpos, sino también en las almas.
-¡Ah! ¡Qué hermoso arte, señora! ¡Y cuánta razón tienen al no enseñárselo a los reyes! ¿Y vuestros desvelos han tenido algún resultado? -agregó.
-Sí.
-¿Cuál?
-El que yo esperaba: aquí traigo a Vuestra Majestad el remedio que curará su cuerpo y su espíritu.
Carlos se estremeció. Creyó que su madre, pensando que su enfermedad se prolongaba demasiado, había resuelto acabar a sabiendas lo que había empezado sin saber.
-¿Y dónde está ese remedio? -preguntó Carlos apoyándose en un codo y mirando a su madre.
-Reside en el mismo mal-respondió Catalina.
-¿Y dónde está el mal?
-Escuchad, hijo mío -dijo Catalina-. ¿Habéis oído decir alguna vez que existen enemigos secretos cuya venganza mata a la víctima a distancia?
-¿Por medio del hierro o del veneno? -preguntó Carlos sin perder de vista un instante la impasible fiso ­nomía de su madre.
-No; por otros medios mucho más terribles y seguros -respondió Catalina.
-Explicaos.
-Hijo mío -dijo la florentina-, ¿tenéis fe en las prácticas de la cábala y de la magia?
Carlos disimuló una sonrisa de desprecio a incredulidad.
-Mucha -dijo.
-Pues bien -replicó apresuradamente Catalina -, es de ahí de donde provienen todos vuestros sufrimientos. Un enemigo de Vuestra Majestad, que no osó atacaros de frente, ha conspirado en la sombra. Ha dirigido contra la persona de Vuestra Majestad una conspiración tanto más terrible cuanto que no tenía ningún cómplice y los misteriosos hilos de su trama eran invisibles.
-¡Imposible, a fe mía! -exclamó Carlos, rebelán dose contra tanta astucia.
-Buscad bien, hijo mío -dijo Catalina-, acordaos de ciertos proyectos de evasión que debían asegu rar la impunidad del criminal.
-¡El criminal! -exclamó Carlos-. ¿El criminal decís? ¿Acaso han intentado matarme, madre mía?
Los ojos cambiantes de Catalina giraron hipócritamente bajo sus párpados caídos.
-Sí, hijo mío; vos tal vez lo dudéis, pero yo estoy segura.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437 438 439 440 441 442 443 444 445 446 447 448 449 450 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-497  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados