La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.426
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El guardián dio algunos pasos como para salir, pero al ver que el señor Beaulieu descendía ya la escalera, dijo volviéndose:
-A fe mía, señor, hice bien en invitaros a que me dierais en seguida los cien escudos gracias a los cuales consiento en dejaros hablar con vuestro amigo; si no me los hubieseis dado, el gobernador os los habría quitado junto con los otros trescientos, y mi conciencia no me permitiría hacer ya nada por vos. Pero como me habéis p agado por anticipado y os prometí que le veríais, venid... Un hombre honrado no tiene más que una palabra... Únicamente, si es posible, os ruego, tanto por vos como por mí, que no habléis de política.
La Mole salió de la celda y se encontró con Co connas, que se pasaba por las baldosas de la habitación
contigua. Los dos amigos se arrojaron uno en brazos del otro. El carcelero hizo como que se enjugaba los ojos y salió para vigilar, no fuera que alguien sorprendiera a
los presos o, mejor dicho, le sorprendi era a él. -¡Ah! Al fin lo veo -dijo Coconnas-. ¿Te visitó ese odioso gobernador? -Igual que a ti, supongo. -¿Y lo quitó todo? -Lo mismo que a ti. -¡Oh! Yo no tenía gran cosa, solamente la sortija de Enriqueta. -¿Y dinero en efectivo? -Di cuanto tenía a este buen carcelero para que nos proporcionara una entrevista. -¡Perfecto! -dijo La Mole-. El bribón recibe, por lo visto, con las dos manos. -¿Cómo? ¿Tú también le pagaste? -Sí, le di cien escudos. -Bueno, más vale que nuestro carcelero sea un miserable. -Sin duda, conseguiremos de él cualquier cosa con dinero; y según espero, no ha de faltarnos dinero. -Y ahora ¿tú comprendes lo que nos ha sucedido?
-Sí..., hemos sido delatados.
-Por el execrable duque de Alençon. Tema yo razón cuando quise retorcerle el pescuezo.
-¿Crees que es grave nuestra situación?
-Me temo que sí. De modo que tendremos que sufrir... el tormento.
-No he de ocultarte que ya pensé en ello.
¿Y qué dirás si llegan hasta semejante extremo?
-¿Y tú?
-Yo guardaré silencio -respondió La Mole con un rubor febril.
-¿Te callarás? -exclamó Coconnas.
-Sí, si tengo fuerza bastante.
-Pues bien, yo lo aseguro -dijo Coconnas- que si me hacen esa infamia diré muchas cosas.
-¿Qué cosas? -preguntó ávidamente La Mole.
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