La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.414
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-Me veo obligado a sospechar de ella o de quienes la rodean. Ya sabéis que la desgracia de los reyes no está siempre en ser mal servidos, sino en estarlo demasiado bien.
-Explicaos; os habéis comprometido a contármelo todo.
-Y, como verá Vuestra Majestad, estoy decidido a cumplir lo dicho.
-Continuad.
-Vuestra Majestad me ha dicho que me tiene mucho afecto.
-Es decir, os lo tenía antes de vuestra traición, Enriquito.
-Supongamos que me lo seguís teniendo, señor.
-¡Sea!
-Pues si me queréis debéis desear que yo viva, ¿no es cierto?
-Me hubiera ocasionado un gran disgusto el saber que os amenazaba cualquier desgracia.
-Pues bien, señor, Vuestra Majestad ha estado por dos veces a punto de sumirse en la aflicción.
-¿Por qué?
-Pues porque por dos veces ha sido la Providen cia quien me ha salvado la vida. Es verdad que la última vez la Providencia se personificó en Vuestra Majestad.
-¿Y la primera vez en quién se personificó?
-En un hombre que se asombraría mucho de que le confundieran con el la; en Renato. Vos me salvasteis de las estocadas de Maurevel.
Carlos frunció el ceño al recordar la noche en que había llevado a Enrique a la calle de las Barras.
-¿Y Renato? -preguntó.
-Renato me salvó del veneno.
-¡Diantre! Tienes suerte, Enriquito -dijo el rey, esbozando una sonrisa que se convirtió en una mueca de dolor al sentir una punzada en las entrañas -. Pues no es ésa su profesión -añadió.
-Dos milagros me salvaron, señor. Un milagro de arrepentimiento por parte del florentino y un milagro de bondad por vuestra parte. Os confieso que tuve miedo de que el Cielo se cansara de hacer milagros y, in vista de eso, quise huir, guiándome del proverbio que dice: «Ayúdate a ti mismo y el Cielo lo ayudará.»
-¿Y por qué no me dijiste todo eso antes, Enriquito
-Diciéndoos estas mismas palabras ayer hubiera sido un delator
-¿Y diciéndomelas hoy
-Hoy es otra cosa; estoy acusado y me defiendo
-¿Estás seguro de la primera tentativa de que hablas, Enriquito
-Tan seguro como de la segunda
-¿Intentaron envenen arte
-Cierto
-¿Con qué
-Con un cosmético
-¿Y cómo puede envenenarse a una persona con un cosmético
-¡Diablos! Señor, preguntádselo a Renato: también se puede envenenar a alguien valiéndose de unos
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