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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.404

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Página 404 de 497


Vete, yo me quedo
Coconnas se encogió de hombros y volvió a acostarse
En aquel momento, por el mismo camino que había pasado la reina, pero en dirección contraria, cruzó a
galope una tropa de caballeros que los dos amigos reconocieron como protestantes acérrimos, casi fanáti­
cos. Sus caballos brincaban como las langostas de que habla Job. Pasaron como una exhalación. -¡Diantre! Esto se pone serio -dijo Coconnas levantándose-, vayamos al pabellón de Francisco I. -Al contrario, más vale que nos que demos -dijo La Mole-; si nos descubren, se dirigirá hacia ese pabellón
la atención del rey, puesto que era el punto de reunión general. -Es posible que por esta vez tengas razón -gruñó Coconnas. No había acabado el piamontés de pronunciar estas palabras cuando un jinete pasó como una centella por
entre los árboles y, saltando los fosos, las zarzas y toda clase de obstáculos, se llegó junto a los dos caba ­
lleros. Llevaba una pistola en cada mano y guiaba su caballo en esta carrera furiosa solamente con las rodillas. -¡El señor De Mouy! -gritó Coconnas más inquieto y alarmado ahora que el propio La Mole-. ¡El señor
De Mouy huyendo! ¿Será preciso escapar?
-¡Pronto, pronto! -gritó el hugonote-. ¡Huid, todo se ha perdido! Di un rodeo para venir a avisaros. En marcha.
Como no había dejado de correr mientras hablaba, estaba ya bastante lejos cuando concluyó y, por consi­guiente, cuando La Mole y Coconnas comprendieron el sentido de sus palabras.
-¿Y la reina? -gritó La Mole.
Pero la voz del joven se perdió en el espacio. De Mouy estaba ya demasiado lejos para oírle y, sobre to ­
do, para responderle.
Coconnas tomó pronto una decisión. Mientras La Mole permanecía inmóvil siguiendo con los ojos a De Mouy, que desaparecía entre las ramas que se abrían ante él y se ce rraban a su paso, corrió a buscar los caballos; los trajo, montó en el suyo, puso las riendas del otro en manos de La Mole y se dispuso a partir.
-¡Vamos! ¡Vamos! -dijo -. Repito lo que ha dicho De Mouy: ¡En marcha! Y De Mouy es un señor que habla con propiedad. ¡En marcha, en marcha, La Mole!
-Un instante -dijo el provenzal-, aquí hemos venido para algo.
-A menos que sea para que nos ahorquen -respondió Coconnas -, lo aconsejo que no pierdas el tiempo.


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