La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.404
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Vete, yo me quedo
Coconnas se encogió de hombros y volvió a acostarse
En aquel momento, por el mismo camino que había pasado la reina, pero en dirección contraria, cruzó a
galope una tropa de caballeros que los dos amigos reconocieron como protestantes acérrimos, casi fanáti
cos. Sus caballos brincaban como las langostas de que habla Job. Pasaron como una exhalación. -¡Diantre! Esto se pone serio -dijo Coconnas levantándose-, vayamos al pabellón de Francisco I. -Al contrario, más vale que nos que demos -dijo La Mole-; si nos descubren, se dirigirá hacia ese pabellón
la atención del rey, puesto que era el punto de reunión general. -Es posible que por esta vez tengas razón -gruñó Coconnas. No había acabado el piamontés de pronunciar estas palabras cuando un jinete pasó como una centella por
entre los árboles y, saltando los fosos, las zarzas y toda clase de obstáculos, se llegó junto a los dos caba
lleros. Llevaba una pistola en cada mano y guiaba su caballo en esta carrera furiosa solamente con las rodillas. -¡El señor De Mouy! -gritó Coconnas más inquieto y alarmado ahora que el propio La Mole-. ¡El señor
De Mouy huyendo! ¿Será preciso escapar?
-¡Pronto, pronto! -gritó el hugonote-. ¡Huid, todo se ha perdido! Di un rodeo para venir a avisaros. En marcha.
Como no había dejado de correr mientras hablaba, estaba ya bastante lejos cuando concluyó y, por consiguiente, cuando La Mole y Coconnas comprendieron el sentido de sus palabras.
-¿Y la reina? -gritó La Mole.
Pero la voz del joven se perdió en el espacio. De Mouy estaba ya demasiado lejos para oírle y, sobre to
do, para responderle.
Coconnas tomó pronto una decisión. Mientras La Mole permanecía inmóvil siguiendo con los ojos a De Mouy, que desaparecía entre las ramas que se abrían ante él y se ce rraban a su paso, corrió a buscar los caballos; los trajo, montó en el suyo, puso las riendas del otro en manos de La Mole y se dispuso a partir.
-¡Vamos! ¡Vamos! -dijo -. Repito lo que ha dicho De Mouy: ¡En marcha! Y De Mouy es un señor que habla con propiedad. ¡En marcha, en marcha, La Mole!
-Un instante -dijo el provenzal-, aquí hemos venido para algo.
-A menos que sea para que nos ahorquen -respondió Coconnas -, lo aconsejo que no pierdas el tiempo.
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