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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.403

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pero, al pegar su oído a la tierra, hizo señas a La Mole con la mano para que guardara silencio. -¿Qué hay? -preguntó éste. -¡Silencio! Ahora sí que oigo algo y estoy seguro de no equivocarme. -Es curioso, por más que me empeño, yo no oigo absolutamente nada. -¿Que no oyes nada? -No. -Pues bien -dijo Coconnas, levantándose lentamente y apoyando la mano en el brazo de La Mole-, mira
ese gamo. -¿Dónde? -Allí. Coconnas señaló con el índice al animal. -Bueno ¿y qué? -¿Cómo que «y qué»? Ahora verás. La Mole miró al animal. Con la cabeza inclinada como si se dispusiera a pacer, escuchaba, inmóvil. De
pronto levantó la cabeza coronada de las más hermosas astas y la movió como si aplicara el oído hacia donde venía el rumor; luego, repentinamente, y al parecer sin causa ninguna, sal ió corriendo rápido como un rayo.
-¡Oh! Creo que tienes razón -dijo La Mole-. El gamo huye
-Pues ten la seguridad de que si lo hace es porque oye lo que tú no oyes -dijo Coconnas
Un ruido sordo y apenas perceptible se oyó entre la hierba. Para oídos menos acostumbrados, este ruido
hubiera podido confundirse con el viento; para unos buenos jinetes, aquel ruido no podía ser otra cosa que
el retumbar del galope de unos caballos. La Mole se levantó rápidamente. -¡Aquí están! -dijo-. ¡Preparaos! Coconnas se levantó también, pero con más calma; el dinamismo del piamontés parecía haberse comuni­
cado al corazón de La Mole, mientras que, por el contrario, la indolencia del provenzal parecía haberse apoderado de su amigo. Cierto que en aquella circunstancia, mientras uno obraba impulsado por el entu­siasmo, el otro lo hacía de mala gana.
Pronto un ruido igual y acompasado hirió el oído de los dos amigos. El relincho de un caballo hizo en ­derezar las orejas a los caballos que estaban dispuestos a diez pasos de allí, y por la avenida cruzó, como una sombra blanca, una mujer que, volviéndose hacia aquel lado, hizo un signo extraño y desapareció.
-¡La reina! -exclamaron al unísono
-¿Qué debe de significar esa seña? -preguntó Coconnas
-Hizo así -dijo La Mole-, lo que quiere decir: «En seguida.
-No, hizo de este otro modo, lo que quiere decir: «Marchaos.
-¡Quiá! Esa seña corresponde a: «Esperadme.
-De ninguna manera, esa seña corresponde a: «Salvaos.
-Está bien -dijo La Mole-, que cada cual obre de acuerdo con su par ecer.


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