La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.398
Indice General
|
Volver
Página 398 de 497
La magnífica pradera que se extiende desde lo alto del bosque de Saint -Ger-main adquirió de pronto el aspecto de un gran tapiz, en el que podían verse infinidad de personajes tejidos en los más diversos colores, y cuyo marco lo formaba la cinta plateada y espumeante del río.
Precediendo al rey, que llevaba en la mano su halcón favorito, iban los monteros, vestidos con casacas verdes y calzados con gruesas botas, animando con sus gritos a media docena de perros que husmeaban los tupidos cañaverales de la orilla.
El sol, escondido hasta entonces detrás de unas pubes, salió de repente del sombrío océano donde parecía hundido. Un rayo hizo relucir todo aquel oro, todas aquellas joyas y todas aquellas miradas ardientes, convirtiendo la comitiva en un torrente de fuego.
Entonces, y como si estuviese esperando aquel momento para que un hermoso sol alumbrara su derrota, una garza se elevó de entre los juncos lanzando un grito prolongado y quejumbroso.
-¡Hala, hala! -gritó Carlos, quitando el capirote a su halcón y soltándolo tras la fugitiva presa.
-¡Hala, hala! -gritaron todas las voces para estimular al halcón.
Éste, cegado un momento por la luz, giró sobre sí mismo, describiendo un círculo. De pronto vio a la garza y voló hacia ella como una flecha.
La garza, que, como ave prudente, había levantado el vuelo a más de cien pasos de los cazadores, se había alejado ganando altura, mientras el rey quitaba la caperuza al halcón y éste se habituaba a la luz . Resultó que cuando su enemigo la vio se hallaba ya a más de quinientos pies de altura, y por si fuera poco, al encontrar en las zonas altas el aire suficiente a sus potentes alas, subía rápidamente.
-¡Hala! ¡Hala! ¡Pico de Hierro! -gritó Carlos, queriendo excitar al halcón-. ¡Demuéstranos que eres de buena raza! ¡Hala! ¡Hala!
Como si le hubiese oído, el noble animal salió disparado como una flecha, volando en línea diagonal para alcanzar la vertical que seguía la garza, al parecer con propósito de perderse en las profundidades del éter.
-¡Ah! ¡Cobarde! -exclamó Carlos, como si la fugitiva pudiese oírle. Y poniendo su caballo al galope para seguir la caza mientras fuera posible y echando hacia atrás su cabeza para no perder ni un instante a los dos pájaros, vociferaba -: ¡Ah! ¡Conque huyes, cobarde! Mi Pico de Hierro es de buena raza.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-497
|