Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Reina Margot (Alejandro Dumas)

La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.380

Indice General | Volver

Página 380 de 497


Todas eran para él tan claras, gracias al profundo estudio que había hecho de su familia, que podía leer en el alma del duque como en un libro abierto.
Le dejó que por un instante permaneciera abrumado, inmóvil y mudo. Luego, en un tono inflexible, le
dijo:
-Hermano, ya os he dicho mi resolución. Os añado que esta resolución es inmutable: partiréis.
Alençon hizo un gesto. Carlos pareció no advertirlo y continuó:
-Quiero que Navarra se enorgullezca de tener por príncipe a un hermano del rey de Francia. Tendréis todo lo que corresponde a vuestra alcurnia: poder, honores... Exactamente igual que vuestro hermano y, co ­mo él -añadió sonriendo -, me bendeciréis desde lejos. No importa que así sea; para las bendiciones no hay distancias.
-Señor...
-Aceptad, o mejor dicho: resignaos. Una vez que seáis rey, os encontraremos una mujer digna de un príncipe de Francia. Y, ¡quién sabe!, a lo mejor ella aporta como dote otra corona.
-Pero -dijo el duque de Alençon- Vuestra Majestad olvida a su amigo Enrique.
-¡Enrique! Ya os he dicho que él renuncia al trono de Navarra, que os lo cede. Enrique es un joven alegre
y no un lánguido paliducho como vos. Quiere reír y divertirse a su antojo y no apolillarse como nosotros,
los que estamos condenados a llevar corona.
Alençon suspiró.
-Vuestra Majestad me o rdena entonces que me preocupe de...
-No, en absoluto, no os preocupéis de nada, Francisco, yo lo arreglaré todo, confiad en mí como en un buen hermano. Y ya que hemos convenido todo, retiraos, podéis referir o no a vuestros amigos nuestra con­versación; tomaré las medidas precisas para que pronto sea pública. Idos, Francisco.
No había nada que contestar; el duque saludó y salió con el corazón hecho un infierno.
Ardía en deseos de hallar a Enrique para hablar con él de lo que acababa de pasarle. No encontró más que
a Catalina.
Mientras Enrique esquivaba la entrevista, la reina madre la buscaba.
Catalina ocultó su pesar al ver al duque y trató de sonreír. Menos afortunado que Enrique de Anjou, Francisco no buscaba en Catalina a una madre, sino a una aliada . Comenzó, pues, disimulando, ya que para conseguir buenas alianzas es preciso engañarse mutuamente un poco.
Abordó, pues, a Catalina con un semblante en el que no quedaba ya más que una ligera huella de inquie­tud.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-497  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados