Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Reina Margot (Alejandro Dumas)

La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.376

Indice General | Volver

Página 376 de 497


A partir de este momento, Navarra es un reino y su soberano se llama Francisco. No pido más que ocho días para que mi hermano salga de París con todo el brillo y la pompa que convienen a un rey. Id, señor De Mouy, id... señor de Nancey, dejad paso al señor De Mouy, está en libertad.
-Señor -dijo De Mouy, avanzando un paso -, ¿me permite Vuestra Majestad?
-Sí -dijo el rey, y tendió la mano al joven hugo note.
De Mouy hincó una rodilla en tierra y besó la mano del rey.
-A propósito -dijo Carlos deteniéndole un instante cuando iba a levantarse-, ¿no me habíais pedido justicia para ese bandido de Maurevel?
-Sí, señor.
-No sé dónde está, porque se esconde; pero si lo encontráis haceos justicia vos mismo, os lo autorizo de todo corazón.
-¡Ah, señor! -exclamó De Mouy -. Esto colma mis deseos. Vuestra Majestad puede confiar en mí; yo tampoco sé dónde está, pero daré con él, tenedlo por seguro.
De Mouy, después de saludar respetuosamente al rey y a Catalina, se retiró sin que los guardias que le habían conducido tratasen de impedir su salida. Atravesó los corredores, llegó rápidamente a la puerta y, una vez que se vio fuera, fue de un salto desde la plaza de Saint-Germain d´Auxerre hasta la posada de A la Belle Etoile, donde encontró su caballo, gracias al cual tres horas después de la escena que acabamos de referir el joven se hallaba a salvo tras las murallas de Nantes y respiraba tranquilo.
Catalina, devorando su cólera, volvió a su aposento, de donde pasó al de Margarita.
Allí encontró a Enrique, que parecía dispuesto a meterse en la cama.
-¡Satanás -murmuró-, ayuda a una pobre reina abandonada de Dios!
XVII
DOS CABEZAS PARA UNA CORONA
-Que venga a verme el duque de Alençon -dijo Carlos despidiendo a su madre.
El señor de Nancey, dispuesto, después de la advertencia hecha por el rey a no obedecer a nadie que no fuera Carlos IX, se llegó de un salto a la habitación del duque, transmitiéndole sin rodeos la orden que acababa de recibir.
El duque de Alençon se estremeció; siempre había temblado ante Carlos y ahora con mayor razón que nunca, pues, desde que se había metido a conspirador, los motivos para temerle eran más poderosos.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-300   301-350   351-400   401-450   451-497  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados