La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.375
Indice General
|
Volver
Página 375 de 497
Etoile? -En el cuarto sí, señora; pero en la posada, no. -¡Ah! --dijo Catalina-. ¿Quién lo acompañaba? -No sé si le acompañaría, señora, sólo sé que se escapó por la puerta de atrás después de haber derribado
a dos de mis guardias. -¿Sin duda reconoceríais al caballero? Yo no, pero mis guardias sí. -¿Quién era? -preguntó vivamente interesado Carlos IX. -El señor conde Annibal de Coconnas. -¡Annibal de Coconnas! -repitió el rey pensativo-. ¿El que hizo tan terrible matanza de hugonotes la
noche de San Bart olomé? -El señor de Coconnas, gentilhombre al servicio del duque de Alençon -contestó Nancey. -Está bien, está bien -dijo Carlos IX-, retiraos, señor de Nancey, y para otra vez acordaos de una cosa... -¿De cuál, señor? -De que estáis a mi servicio y de que por lo tanto sólo me debéis obedecer a mí. El señor de Nancey salió andando hacia atrás y saludando respetuosamente. De Mouy dirigió una irónica sonrisa a Catalina. Hubo un instante de silencio. La reina retorcía el fleco de su cinturón. Carlos acariciaba a su perro. -¿Pero cuál era vuestro propósito, señor? -continuó Carios-. ¿Obrabais violentamente? -¿Contra quién, señor? -Contra Enrique, contra Francisco o contra mí. -Señor, teníamos la renuncia de vuestro cuñado, el consentimiento de vuestro hermano y, como ya he
tenido el honor de deciros, pensábamos solicitar la autorización de Vuestra Majestad cuando ocurrió el incidente en la alcoba del rey de Navarra. -Pues bien, madre mía, no veo que haya ningún mal en todo esto -dijo Carlos-. Vos estabais en vuestro derecho, señor De Mouy, al pedir un rey. Efectivamente, Navarra puede y debe ser un reino separado.
Más aún, ese reino parece hecho expresamente para dotar a mi hermano de Alençon, que siempre tuvo tantos deseos de poseer una corona, hasta el punto de que cuando me pongo la mía no aparta los ojos de ella. Lo único que se oponía a esta coronación era el derecho de Enriquito, pero puesto que Enriquito renuncia volun tariamente...
-Voluntariamente, señor.
-Parece que es la voluntad de Dios. Señor De Mouy, estáis en libertad y podéis volver junto a vuestros hermanos a quienes castigué... un poco duramente quizá, pero ésta es una cuestión entre Dios y yo. Decidles que, puesto que desean como rey de Navarra a mi hermano el duque de Alençon, el rey de Francia se so mete a sus deseos.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-497
|