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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.369

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.. -¿Y De Mouy? -El señor De Mouy puede seguirnos también si gusta, pero es preciso que os apresuréis los dos. Se oían ya pasos cercanos en la escalera. -Es demasiado tarde -dijo Enrique. -¡Ah! Si alguien pudiera entretenerlos durante cinco minutos -exclamó La Mole-, respondería del rey. -Responded, pues, señor -dijo De Mouy -, yo me encargo de entretenerlos. Id, señor, ´id. -¿Pero qué harás tú? -No os preocupéis por mí, señor; huid. De Mouy comenzó por hacer desaparecer de la mesa el plato, la servilleta y la copa del rey, para que
creyeran que estaba cenando él solo. -Venid, señor, venid -gritó La Mole cogiendo al rey del brazo y llevándole hacia la escalera. -¡De Mouy! ¡Mi buen De Mouy! -exclamó Enrique tendiendo la mano al joven. De Mouy le besó la mano y empujó a Enrique fuera de la habitación, echando el cerrojo a la puerta. -Sí, ya comprendo -dijo Enrique-, va a dejarse detener mientras nosotros nos salvamos; pero ¿quién
diablos puede habernos hecho traición? -Venid, señor, venid, ya suben. En efecto, ya se veía por la estrecha escalera el resplandor de las antorchas y se oía abajo ruido de espa­
das.
-Cuidado, señor, cuidado -dijo La Mole.
Y guiando al rey en la oscuridad, le hizo subir dos pisos, empujó la puerta de un cuarto que volvió a ce­rrar con cerrojos y abriendo la ventana de un gabinete:
-¿Teme Vuestra Majestad -preguntó - las excursiones por los tejados?
-¿Yo? -dijo Enrique-. ¡Vamos, un cazador de gamos!
-Seguidme, entonces, Majestad; conozco el camino y os serviré de guía.
-Vamos, vamos -dijo Enrique -, ya os sigo.
La Mole saltó primero por la ventana y siguió a lo largo de un canalón, al final del cual halló una especie de valle formado por el declive de dos tejados. En aquel paraje había una buhardilla sin ventana y un gra­nero deshabitado.
-Señor-dijo La Mole-hemos llegado a puerto.
-¡Ah! -suspiró Enrique-. Más vale así.
El rey se enjugó su pálida frente totalmente empapada en sudor.
-Ahora -dijo La Mole- las cosas marcharán como sobre ruedas; el granero da a una escalera, la escalera termina en un pasadizo y el pasadizo comunica con la calle. Recorrí este mismo camino, señor, una noche mucho más terrible que ésta.
-Adelante, adelante -apremió Enrique.
La Mole se introdujo el primero por la ventana abierta de par en par, llegó hasta la puerta que estaba mal cerrada, la abrió y se halló en lo alto de una escalera de caracol.


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