La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.365
Indice General
|
Volver
Página 365 de 497
-Bueno, lo pagaré aparte. ¡Ah! Aquí llega preci samente mi convidado.
En efecto, la puerta acababa de abrirse dando paso a un caballero de mayor edad que el primero y que llevaba al costado un espadón.
-¡Ah! Sois muy puntual, amigo; para un hombre que acaba de recorrer doscientas leguas es difícil llegar con tanta exactitud.
-¿Es éste vuestro invitado? -preguntó La Hurière.
-Sí -dijo quien había llegado primero, dirigiéndose al joven del espadón y estrechándole la mano-; servidnos la cena.
-¿Aquí o en vuestro cuarto?
-Donde queráis.
-Maese -dijo La Mole llamando a La Hurière-, libradnos de esos tipos que parecen hugonotes; delante de ellos, Coconnas y yo no podremos hablar una palabra de nuestros asuntos.
-Servid la cena en el cuarto número dos del tercer piso -dijo La Hurière a su ayudante. Y luego a los recién llegados-: Subid, señores, subid.
Los dos caballeros siguieron a Gregorio, que iba delante con una vela.
La Mole los siguió con la vista hasta que desaparecieron y, al volverse vio a Coconnas que asomaba la
cabeza por la puerta de la cocina. Los ojos quietos y la boca abierta daban a su cara una expresión de
marcado asombro.
La Mole se acercó a él.
-¡Voto al diablo! -le dijo Coconnas -. ¿Has visto?
-¿Qué?
-A esos dos caballeros.
-Sí, ¿qué pasa?
Juraría que uno de ellos es...
-¿Quién?
-El rey de Navarra, y el otro de la capa encarnada... Jura si quieres, pero no demasiado alto.
-¿También los has reconocido tú?
-Naturalmente.
-¿Qué vendrán a hacer aquí?
-Se tratará de algún asunto de amoríos.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro.
-La Mole, prefiero las estocadas a sem ejantes amo ríos. Hace un momento hubiese jurado, ahora apostaría mi cabeza.
-¿A qué?
-A que se trata de alguna conspiración.
-¡Oh! Estás loco.
-Lo que lo digo es que...
-¿Sabes lo que lo digo yo? Que si conspiran, allá ellos.
-Eso sí. En realidad -dijo Co connas-, yo ya no estoy al servicio del duque de Alençon, así es que por mí... que se las arreglen como puedan.
Como quiera que las perdices estaban doradas en el punto en que a Coconnas le gustaban, el piamontés llamó a maese La Huriéere para que las retirara del fuego.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
351
352
353
354
355
356
357
358
359
360
361
362
363
364
365
366
367
368
369
370
371
372
373
374
375
376
377
378
379
380
381
382
383
384
385
386
387
388
389
390
391
392
393
394
395
396
397
398
399
400
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-497
|