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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.364

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Se acercó a él.
-Nantes -dijo el hombre.
-Pau -respondió el rey.
El desconocido echó pie a tierra inmediatamente. Enrique se cubrió con la capa, que estaba salpicada de barro, montó el caballo, que estaba sudoroso, y volvien do por la calle de la Harpe atravesó el puente de SaintMichel, siguió por la calle Barthélemy, cruzó de nuevo el río por el pont-aux-Meunier s, continuó por la orilla del río hasta coger la calle de l´Arbre-Sec y vino a llamar a la puerta de maese La Hurière.
La Mole estaba en la habitación que ya conocemos, escribiendo una larga carta de amor a quien todos sa­bemos.
Coconnas se hallaba en la cocina con La Hurière mirando cómo daban vueltas en el asador seis perdices y discutiendo con su amigo el posadero acerca del pun to que necesitaban.
En aquel momento llamó Enrique. Gregorio fue a abrir y condujo el caballo a la cuadra, mientras el via­jero entraba golpeando con sus botas en el suelo, para hacer entrar en calor sus pies.
-¡Eh! Maese La Hurière -dijo La Mole sin dejar de escribir-, aquí hay un caballero que os busca.
Acercóse La Hurière, miró a Enrique de pies a cabeza, y como su capa de grue so paño no le inspirara un gran respeto:
-¿Quién sois? -preguntó.
-¡Por todos los diablos! -dijo Enrique señalan do a La Mole-. Os lo acaba de decir este señor; soy un caballero de Gascuña y vengo a París para ser presen tado en la corte.
-¿Y qué queréis?
-Un cuarto y una cena.
-¡Hum! -dijo La Hurière-. ¿Tenéis criado?
Era, como ya sabemos, la pregunta de costumbre.
-No -contestó Enrique -, pero pienso tenerlo en cuanto haga fortuna.
-No alquilo habitaciones de señor sin cuarto de criado -dijo el posadero.
-¿Aunque os ofrezca una libra por la cena, aparte de lo que mañana os dé por lo demás?
-¡Oh! Sois muy generoso, señor mío -dijo La Hurière, examinando a Enrique con desconfianza.
-No, nada de eso. Lo que sí sucede es que, en la creencia de que pasaría la no che en vuestra casa, que tanto me recomendó un señor paisano mío, invité a un amigo a cenar en mi compañía. ¿Tenéis buen vino de Arbois?
-Tengo uno tan bueno como el mejor qué pueda beber el bearnés.


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