La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.307
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-¿Cómo iba a suponer, señor, que la hermana de Vuestra Majestad fuera capaz de cometer semejante imprudencia?
-Cuando lo dijo que habían ido a la calle de Clo che-Percée tampoco le creíste.
-¿Cómo iba a creer que una princesa de Francia arriesgase tan públicamente su reputación?
-Cuando sitiamos la casa de la calle de ClochePercée y a mí me cayó una palangana de plata en el hombro, a Anjou una compota de naranjas por la cabeza y a Guisa un muslo de jabalí en la cara, ¿no viste a dos mujeres y a dos hombres?
-Nada vi, señor. Vuestra Majestad recordará que me hallaba interrogando al portero.
-Sí, pero, ¡p or los clavos de Cristo!, yo sí lo he visto.
-¡Ah! Si Vuestra Majestad lo ha visto ya es otra cosa.
-Es decir, he visto a dos hombres y a dos mujeres y ahora sé, sin temor a equivocarme, que una de las mujeres era Margot y que uno de los hombres era La Mole.
-Entonces -dijo Enrique -, si La Mole estaba en la casa de la calle de Cloche-Percée no podía estar en mi alcoba.
-En efecto, pero no se trata ya de la persona que estaba aquí. Ya conoceremos su nombre cuando ese imbécil de Maurevel pueda hablar o escribir. Se trata de que Margarita lo engaña.
-¡Bah! -dijo Enrique-. No creáis en habladurías.
-¡Cuando lo digo que más que miope eres ciego! ¡Pardiez! ¿Quieres creerme alguna vez, testarudo? Te aseguro que Margot lo engaña y que esta noche estran gularemos al amante.
Enrique dio un salto de sorpresa y miró a su cuñado con aire de estupefacción.
-Confiesa, Enriquito, que la idea no lo disgusta en el fondo. Margot va a gritar como cien mil cornejas, pero peor para ella. No quiero que lo hagan desgraciado. Que Condé sea engañado por el duque de Anjou me trae sin cuidado. Condé es mi enemigo; pero tú eres mi hermano, eres más que mi hermano, eres mi amigo.
-Pero, señor...
-No quiero que lo molesten ni que se burlen de ti; hace mucho tiempo que sirves de mofa a to dos esos mequetrefes que vienen de provincias a comer nuestras migajas y a cortejar a nuestras mujeres. ¡Pardiez! Te han traicionado, Enriquito; esto le puede ocurrir a todo el mundo, pero tú tendrás, yo os lo juro, una cumplida satisfacción y mañana todos dirán: « ¡Por mil diablos! Parece que el rey Carlos quiere mucho a su hermano Enriquito puesto que esta noche le ha apretado el gaznate al señor de La Mole.
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