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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.306

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Encontró allí a Orthon completamente repuesto de su desmayo, pero el criado nada pudo decirle aparte de que unos hombres se habían introducido en su cuarto y de que el jefe de ellos le había dado un golpe con la cazoleta de su espada de ján dole sin sentido. Nadie se había vuelto a preocupar de él. Catalina le vio desmayado y le creyó muerto.
Como había vuelto en sí en el intervalo transcurrido entre la salida de la reina madre y la llegada del ca ­pitán de los guardias encargados de despejar el terreno, se refugió en la habitación de la señora de Sauve.
Enrique rogó a Carlota que ocultase al joven hasta que se recibieran noticias de De Mouy, quien desde el sitio en que estaba refugiado no dejaría de escribirle. Entonces enviarían a Orthon con la respuesta, y así, en lugar de contar con un hombre fiel, podría contar con dos.
Una vez concebido este plan, volvió a su aposento y se paseaba de arriba abajo meditando cuando se abrió de pronto la puerta y apareció el rey.
-¡Majestad! -exclamó Enrique , precipitándose a su encuentro.
-Yo mismo..., realmente, Enriquito, eres un excelente muchacho y cada vez lo quiero más.
-Señor, Vuestra Majestad me confunde.
-No tienes más que un defecto, Enrique.
-¿Cuál? ¿El que tantas veces me ha reprochado Vuestra Majestad de preferir la caza mayor a la caza menor?
-No, no me refiero a ése, Enriquito, sino a otro.
-Explíquese Vuestra Majestad -dijo Enrique, quien al ver la sonrisa de Carlos notó que el rey estaba de buen humor- y trataré de corregirme.
-Me refiero a que, teniendo tan buenos ojos como tienes, no veas más claro de lo que ves.
-¡Bah! -replicó Enrique-. ¿Será que acaso, sin advertirlo, soy miope?
-Peor todavía, Enriquito, peor; eres ciego.
-¡Ah! En efecto -dijo el bearnés-; pero ¿no será cuando cierro los ojos cuando me sucede esa desgracia?
-Desde luego eres muy capaz de eso -respondió Carlos-, pero, por si acaso, voy a abrírtelos.
-Dios dijo: «Hágase la luz», y la luz se hizo. Vues tra Majestad es el representante de Dios en este mundo; puede hacer en l a Tierra lo que Dios hizo en el Cielo. Os escucho.
-Cuando Guisa dijo anoche que lo mujer acababa de pasar escoltada por un mozalbete, no quisiste creerle.


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