La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.302
Indice General
|
Volver
Página 302 de 497
-Sin embargo... -murmuró Catalina.
-Señora -interrumpió Enrique -, ¿mandaba la orden que se me detuviera?
-Así es -respondió Catalina-, y el rey mismo la firmó.
-Pero ¿indicaba también que en el caso de que yo no estuviera sería detenida la persona que ocupase mi lugar?
-No -contestó Catalina.
-Entonces -dijo Enrique -, mientras que no se pruebe que yo conspiro y que el hombre que estaba en mi habitación es mi cómplice, ese hombre es inocente.
Y volviéndose hacia Carlos IX:
-Señor-continuó Enrique -, no saldré del Louvre. Estoy dispuesto a dirigirme a cualquiera de las prisiones del Estado en cumplimiento de una orden de Vuestra Majestad, pero, hasta que no se me pruebe lo contrario, tengo derecho a considerarme el más fiel servidor, súbdito y hermano de Vuestra Majestad.
Y con una altivez desconocida hasta entonces, Enrique saludó a Carlos y salió.
-¡Bravo, Enriquito! -exclamó Carlos cuando el rey de Navarra se hubo retirado.
-¡Bravo! ¿Lo decís porque nos ha vencido? -observó Catalina.
-¿Y por qué no le he de aplaudir? ¿Acaso cuando tiramos espada juntos y él me toca no le digo también bravo? Madre, hacéis mal en despreciarlo.
-Hijo -dijo Catalina oprimiendo la mano de Carlos IX-, no le desprecio, le temo.
-Insisto en que hacéis mal. Enrique es mi amigo y, como acaba de decir, si hubiera conspirado contra mí, no hubiese tenido más que dejar al jabalí consumar su obra.
-Sí -insistió Catalina-, ¿para que el duque de Anjou, su enemigo personal, fuera rey de Francia?
-No me importa el motivo por el que Enrique me haya salvado la vida; lo cierto es que me ha salvado. ¡Por todos los diablos! No quiero que se le cause ningún disgusto. Por lo que se refiere al señor de La Mole, voy a entenderme con mi hermano de Alençon, que es quien le tiene a su servicio.
Con esto Carlos IX dio por terminada la conversación con su madre. Catalina se retiró pensando quién pudiera ser el culpable.
El señor de La Mole no era lo suficientemente im portante para satisfacer sus deseos.
De regreso a sus habitaciones, Catalina encontró a Margarita, que le estaba esperando.
-¡Ah! ¿Sois vos, hija mía? Anoche os mandé llamar.
-Ya lo sé, señora; pero había salido.
-¿Y esta mañana?
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
301
302
303
304
305
306
307
308
309
310
311
312
313
314
315
316
317
318
319
320
321
322
323
324
325
326
327
328
329
330
331
332
333
334
335
336
337
338
339
340
341
342
343
344
345
346
347
348
349
350
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-497
|