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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.268

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-¡Ah! ¡Bah!
-Puedo responder a Vuestra Majestad de lo que digo.
Carlos se echó a reír a carcajadas.
-Está bien -dijo-; ahora, si el duque de Guisa vuelve a traerme cuentos, se tendrá que retorcer el bigote cuando sepa las hazañas de su cuñada. Lo que no sé -dijo el rey haciendo memoria- es si fue del señor de Coconnas o del señor de La Mole de quien me han hablado.
-Ni de uno ni de otro, señor-dijo Enrique-; os respondo de los sentimientos de mi mujer. -Bien, Enriquito, bien -dijo el rey-; prefiero verte así que de otro modo, y lo aseguro por mi honor que eres tan valiente mozo que creo que acabaré por no poder pasar sin ti.
Al decir estas palabras, el rey se puso a silbar de un modo que parecía convenido. Cuatro gentiles hombres que esperaban en la esquina de la calle de Beauvais se le unieron, intern ándose todos juntos en la ciudad.
Dieron las diez.
-¿Qué, volvemos a sentarnos a la mesa? -preguntó Margarita cuando salieron Carlos y Enrique.
-No, por favor -dijo la duquesa-, me he asustado mucho. ¡Bendito sea el palacete de la calle de Clo -che-Percée! No se puede entrar en ella sin ponerle sitio, y nuestros valientes amigos tienen allí derecho a echar mano de sus espadas. Pero ¿qué buscáis debajo de los muebles y en los armarios, señor Coconnas?
-Busco a mi amigo La Mole -respondió el piamontés
-Buscad por los alrededores de mi alcoba -dijo Margarita-; hay allí cierto gabinete..
-Bien-dijo Coconnas-,allá voy
Y entró en el dormitorio
-¿Dónde estamos? -preguntó una voz en la oscuridad
-¡Voto al diablo! Estamos en los postres
-¿Y el rey de Navar ra
-No se ha enterado de nada; es un marido perfecto y le deseo uno igual a mi amada. Sin embargo, mucho
me temo que no lo encuentre sino en segundas nupcias. -¿Y el rey Carlos? -¡Ah! El rey es distinto; se ha llevado al marido. -¿De veras? -Como lo oyes. Además, me ha hecho el honor de mirarme de reojo cuando supo que servía al señor de
Alençon y de arriba abajo cuando se enteró de que era lo amigo. -¿Crees que le habrán hablado de mí? -Me temo que sí, y por cierto no muy bien. Pero no se trata de esto; creo que las damas proyectan hacer


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