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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.43

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Página 43 de 497


Yo no poder llefar puestra cagta.
Y volviendo la espalda a La Mole, Besme entró en el Louvre haciendo señas a Coconnas de que le siguiera de cerca.
La Mole se quedó solo.
En el mismo momento en que desaparecían Besme y Coconnas por una puerta del Louvre, un grupo for ­mado por un centenar de caballeros salía por otra.
-¡Ah, ah! -dijo el centinela a un compañero de servicio -. Es De Mouy con sus hugonotes. ¡Están ra­diantes! El rey les habrá prometido la muerte del asesino del almirante y, co mo es el mismo que mató al padre de De Mouy, el hijo matará dos pájaros de un tiro.
-Perdón -dijo La Mole dirigiéndose al soldado-. Creo haber oído que ese oficial es el señor De Mouy.
-En efecto.
-Y que los que le acompañan son...
-Herejes.
-Gracias -dijo La Mole sin dar muestras de haber oído el término despectivo empleado por el centinela-. Eso es todo cuanto deseaba saber.
Y dirigiéndose al jefe de los caballeros:
-Señor-dijo abordándole-, acabo de saber que sois el señor De Mouy.
-El mismo, caballero -respondió el oficial cortésmente.
-Vuestro nombre, tan conocido por los de mi religión, me anima a dirigirme a vos, señor, para pediros un favor.
-¿De qué se trata? Pero ante todo, ¿con quién ten go el honor de hablar?
-Con el conde de Lerac de La Mole.
Los dos jóvenes se saludaron.
-Os escucho, señor-dijo De Mouy.
-Acabo de llegar de Aix y soy portador de una carta del señor Auriac, gobernador de Provenza. Esta carta va dirigida al rey de Navarra y contiene noticias importantes y urgentes. ¿Cómo podr é entregarla? ¿Cómo podré entrar en el Louvre?
-Nada más fácil que entrar en el Louvre, señor -replicó De Mouy -. Únicamente temo que el rey de Navarra esté demasiado ocupado en este momento para recibiros. Pero no importa; si queréis seguirme, os conduci ré hasta sus habitaciones. El resto corre por vuestra cuenta.
-Mil gracias.
-Venid, pues -dijo De Mouy.
El oficial dejó las riendas de su caballo en manos de un lacayo y, encaminándose hacia la garita, se dio a conocer al centinela. Luego introdujo a La Mole en el castillo y, abriendo la puerta que daba paso a las
habitacio nes del rey:


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