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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.32

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Página 32 de 497



-No conozco ninguno. Sin embargo, si estuviera en vuestro lugar, cosa que no es así, ¡gracias a Dios!...
-¿Si estuvierais en mi lugar...? -murmuró Maurevel, la mirada suspensa de los labios de Carlos IX.
-Creo que saldría del paso.
Maurevel levantó una rodilla y se apoyó con una mano en el suelo, sin dejar de mirar a Carlos par a ase­gurarse de que no se burlaba.
-Quiero mucho, sin duda, al joven De Mouy -continuó el rey-, pero también quiero mucho a mi primo el duque de Guisa, y si él me pidiera la vida de un hombre cuya muerte me implorase el otro, confieso que me hallaría en un aprieto. Sin embargo, tanto en buena política como en buena religión debería complacer a mi primo, pues, por valiente capitán que sea De Mouy no puede comparársele a un príncipe de Lorena.
Conforme oía estas palabras, Maurevel se iba in corporando lentamente como si volviese a la vida.
-Por lo tanto, lo más importante para vos en la difícil situación en que os halláis es ganar la confianza de mi primo, y a este respecto recuerdo una cosa que me contó ayer: «Figuraos, Sire -me decía-, que todas las mañanas, a eso de las diez, pasa por la calle de Saint Germain d´Auxerre, de vuelta del Louvre, mi enemigo mortal; le veo desde una ventana enrejada de la planta baja que corresponde a la habitación de mi antiguo preceptor el canónigo Pedro Piles, y cada vez r uego al diablo que le hunda en las entrañas de la tierra. De­cidme, pues, Maurevel -prosiguió Carlos-, si vos fueseis el diablo o si por un momento ocupaseis su lugar, ¿le desagradaría a mi primo el de Guisa?
Maurevel recuperó su infernal sonrisa, y sus labios, pálidos aún de terror, dejaron caer estas palabras:
-¡Pero, Sire, yo no tengo poder para abrir la tierra! -Sin embargo, si no recuerdo mal, la abristeis para el bravo De Mouy. Me diréis que fue con una pistola... ¿La habéis perdido?...
-Perdonad, Si re -repuso el truhán, ya casi tranquilizado -, pero manejo mejor el arcabuz que la pistola.
-¡Oh! -exclamó Carlos IX-. Poco importa que sea pistola o arcabuz, estoy seguro de que mi primo no hará cuestión por esto.
-Pero -dijo Maurevel- precisaría un arma muy segura, porque probablemente tendré que tirar de lejos.


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