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La Reina Margot (Alejandro Dumas) - pág.10

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Pero, al ver al barón de Sauve sin su esposa, Catalina de Médicis se informó de la causa que mantenía alejada a su amada Carlota. Al saber que sólo se trataba de una leve indisposición, le escribió unas líneas rogándole que se presentara, ruego que ésta se apresuró a obedecer. Enrique, aunque muy triste al principio por su ausencia, respiró con más libertad al ver entrar solo al señor de Sauve; pero en el momento en que, no esperando ni remotamente su llegada, se acercaba suspirando a la amabl e criatura a la que estaba condenado si no a amar, por lo menos a tratar como esposa, vio aparecer a la señora de Sauve en el extremo de la galería. Entonces se quedó clavado en su sitio con los ojos fijos en aquella Circe que lo encadenaba con un lazo mágico. Luego, en lugar de dirigirse a su esposa, se acercó a la señora de Sauve con un movimiento de vacilación que más parecía de asombro que de temor.
Los cortesanos, por su parte, viendo que el rey de Navarra, cuyo corazón ardiente conocían, se aproxi­maba a la hermosa Carlota, no se atrevieron a impedirlo, y se alejaron. Así, al mismo tiempo que Margarita de Valois y el señor de Guisa intercambiaban las pocas palabras latinas que hemos mencionado, Enrique entablaba con la señora de Sauve, en un francés muy inteligible, aunque salpicado de acento gascón, una charla menos misteriosa.
-¡Oh, amiga mía -le dijo -, aparecéis aquí en el momento en que acaban de informarme que estabais en­ferma y cuando había perdido ya la esperanza de veros!
-¿Pretenderá Vuestra Majestad-respondió la señora de Sauve-hacerme creer que le habría costado mucho perder esa esperanza?
-¡Cómo! Ya lo creo -repuso el bearnés-. ¿Acaso no sabéis que vos sois mi sol durante el día y mi estrella durante la noche? Os aseguro que me creía en la oscuridad más profunda. Al llegar vos iluminasteis todo de pronto.
-Entonces, ¿os he hecho una mala pasada?
-¿Qué queréis decir, amiga mía?
-Quiero decir que, cuando se es dueño de la mujer más hermosa de Francia, lo único que se debe de sear es que la luz deje paso a la oscuridad, porque es en la oscuridad donde nos espera la dicha.
-Esta dicha, querida, sabéis muy bien que depende de una sola persona y que esta persona se ríe y se burla del pobre Enrique.


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