El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.176
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Buscaba a su alrededor para formular una pregunta, una sola. Mas por todas partes veía rostros desconocidos; por todas partes la atención se dirigía ha cia el trono en el que acababa de sentarse el estatúder.
Guillermo, que acaparaba toda la atención, -se levantó, paseó una tranquila mirada sobre la muchedumbre enajenada, y su ojo agudo se detuvo alternativamente en las tres extremidades de un triángulo formado frente a él por tres intereses y por tres personajes muy distintos.
En uno de los ángulos, Boxtel, temblando de impaciencia y devorando con toda su atención al príncipe, a los florines, al tulipán negro y a la asamblea.
En otro, con Cornelius jadeante, mudo, no teniendo mirada, vida, corazón, amor, más que para el tulipán negro, su hijo.
Por último, en el tercero, de pie sobre una tarima entre las vírgenes de Haarlem, una bella frisona vestida de fina lana roja bordada de plata y cubierta de encajes que caían en oleadas desde su casco de oro.
Rosa, en fin, que se apoyaba desfallecida y con los ojos anegados, en el brazo de uno de los oficiales de Guillermo.
El príncipe, entonces, viendo a todos sus auditores dispuestos, desenrolló lentamente la vitela y, con voz tranquila, clara, aunq ue débil, pero de la que no se perdía ni una sílaba gracias al silencio religioso que se abatió de repente sobre los cincuenta mil espectadores, encadenó su aliento a sus labios:
-Sabéis -dijo- con qué fin habéis sido reunidos aquí. Se ha prometido un premio de cien mil florines a quien hallara el tulipán negro. ¡El tulipán negro! Y esta maravilla de Holanda está aquí expuesta ante vuestros ojos; el tulipán negro ha sido hallado y con todas las condiciones exigidas por el programa de la Sociedad Hortícola de Haarlem. La historia de su nacimiento y el nombre de su autor serán inscritos en el libro de honor de la ciudad. Haced aproximarse a la persona que es propietaria del tulipán negro.
Y al pronunciar estas palabras, el príncipe, para juzgar el efecto que las mismas producirían, paseó su clara mirada sobre los tres ángulos del triángulo.
Vio a Boxtel saltar de su grada.
Vio a Cornelius hacer un movimiento involuntario.
Vio finalmente al oficial encargado de velar por Rosa, conducirla o más bien empujarla delante de su trono.
Un doble grito partió a la vez de la derecha y de la izquierda del príncipe.
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