Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El tulipán negro (Alejandro Dumas)

El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.107

Indice General | Volver

Página 107 de 180



Aquella era la hora en la que Rosa abandonaba ha bitualmente a Cornelius. Había sonado la hora, y Rosa no había venido todavía.
Así pues, sus presentimientos no le habían engañado: Rosa, irritada, se encerraba en su habitación y le abandonaba.
-¡Oh! Realmente me he merecido lo que me sucede -dijo Cornelius en voz alta-. Ya no vendrá, y hará bien; en su lugar, yo hubiera hecho lo mismo.
Mas a pesar de esto, Cornelius escuchaba, esperaba, y seguía esperando.
Escuchó y esperó hasta la medianoche, pero a me dianoche dejó de esperar y, completamente vestido, y con el corazón transido de dolor, se echó sobre el lecho.
La noche fue larga y triste, hasta la llegada del día; pero el día no trajo ninguna esperanza al prisionero.
A las ocho de la mañana se abrió la puerta; pero Cornelius ni siquiera giró la cabeza; había oído el paso pesado de Gryphus en el corredor, pero había percibido perfectamente que ese paso se aproximaba solo.
Ni siquiera miró hacia el carcelero.
Y, sin embargo, hubiera querido interrogarle para pedirle noticias de Rosa. Estuvo a punto, por extraña que esta demanda le hubiera parecido al padre de la joven, de hacerle esta pregunta. Esperaba, en su egoísmo, que Gryphus le respondería que su hija estaba enferma.
A menos que hubiera algún suceso extraordinario, Rosa no venía nunca durante la jornada. Cornelius, mientras duró el día, no esperaba, pues, nada en realidad. Sin embargo, en sus súbitos
sobresaltos, en su oído tendido hacia la puerta, en su rápida mirada interrogando al postigo, se comprendía que el prisionero tenía la sorda esperanza de que Rosa cometiera una alteración en sus costumbres.
A la segunda visita de Gryphus, Cornelius, contra su costumbre, solicitó al viejo carcelero, con su voz más dulce, noticias sobre su salud; pero Gryphus, lacónico como un espartano, se limitó a responder:
-Va bien.
En la tercera visita, Cornelius varió la pregunta.
-¿No hay nadie enfermo en Loevestein? -preguntó.
-¡Nadie! -contestó Gryphus más lacónicamente todavía que la primera vez, cerrando la puerta en las
narices del prisionero.
Gryphus, mal acostumbrado a semejantes afabilidades por parte de Cornelius, había imaginado de parte de su prisionero un comienzo de tentativa de corrupción.
Cornelius volvió a encontrarse solo; eran las siete de la tarde. Entonces se renovaron en un grado más intenso que la víspera las angustias que hemos intentado describir.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-180  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados