El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.90
Indice General
|
Volver
Página 90 de 180
Así pues, ya veis que disponemos de mucho tiempo; sólo que, para plantar vuestro bulbo, seguiréis todas mis instrucciones, ¿no?
-Os lo prometo.
-Y una vez plantado, me participaréis todas las cir cunstancias que pueden interesar a nuestro discípulo, tales como los cambios atmosféricos, rastros en los senderos, señales en las platabandas. Escucharéis si por la noche, nuestro jardín es frecuentado por los gatos. Dos de estos animales me destrozaron en Dordrecht dos platabandas.
-Escucharé.
-Los días de luna... ¿La habéis visto sobre el jardín, querida niña?
-La ventana de mi dormitorio da allí.
-Bueno. Los días de luna miraréis si de los agujeros del muro salen ratas. Las ratas son roedores muy
de temer, y yo he visto a desgraciados tulipaneros reprochar amargamente a Noé el haber metido un
par de ratas en el arca. -Miraré, y si hay gatos o ratas... -¡Pues bien! Tendréis que avisarme. Después -continuó Van Baerle, suspicaz desde que se hallaba en
prisión-, ¡hay un animal mucho más de temer todavía que el gato y la rata! -¿Cuál es? -¡El hombre! ¿Comprendéis, querida Rosa? Se roba un florín, y se arriesga el penal por semejante
miseria; con mucha mayor razón se puede robar un bulbo de tulipán que vale cien mil florines. -Nadie más que yo entrará en el jardín. -¿Me lo prometéis? -¡Os lo juro! -¡Bien! ¡Gracias, querida Rosa! ¡Oh! ¡Toda la alegría me va a provenir, pues, de vos! Y, como los labios de Van Baerle se acercaron al enrejado con el mismo ardor de la víspera, y como
por otra parte, la hora de la retirada había llegado ya, Rosa alejó la cabeza y alargó la mano. En esta linda mano, en la que la coqueta joven tenía un cuidado particular, estaba el bulbo. Cornelius besó apasionadamente la punta de los dedos de esa mano. ¿Fue porque contenía uno de los
bulbos del gran tulipán negro? ¿Fue por ser la mano de Rosa? Esto es lo que dejamos para que lo
adivinen otros más sagaces que nosotros. Rosa se retiró, pues, con los otros dos bulbos, apretándolos contra su pecho. ¿Los apretaba contra su pecho porque eran los bulbos del gran tulipán negro, o porque los bulbos
prove nían de Cornelius van Baerle? Creemos que este punto sería más fácil de precisar que el otro. Fuera lo que fuese, a partir de aquel momento, la vida se hizo dulce y llena para el prisionero.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-180
|