El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.68
Indice General
|
Volver
Página 68 de 180
La joven avanzó hacia Cornelius apoyando sus dos manos sobre su desgarrado pecho.
-¡Oh, señor, señor! -exclamó.
Y no acabó.
-Mi bella niña -replicó Cornelius emocionado-, ¿qué deseáis de mí? De ahora en adelante no tengo ya ningún poder sobre nada, os lo advierto.
-Señor, vengo a reclamar de vos una gracia -dijo Rosa tendiendo sus manos mitad hacia Cornelius, mitad hacia el cielo.
-No lloréis así, Rosa -advirtió el prisionero-, porque vuestras lágrimas me enternecen mucho más que mi próxima muerte. Y, vos lo sabéis, cuanto más ino cente es el prisionero, con más calma debe morir a incluso con alegría, ya que muere mártir. Vamos, no lloréis más y decidme vuestro deseo, mi bella Rosa.
La joven se dejó caer de rodillas.
-Perdonad a mi padre -pidió.
-¡A vuestro padre! -exclamó Cornelius asombrado.
-Sí, ¡ha sido tan duro con vos! Pero es así por naturaleza, es así con todos, y no es a vos particularmente a quien ha tratado con brutalidad.
-Ha sido castigado, querida Rosa, incluso más que castigado por el accidente que le sobrevino, y yo le perdono.
-¡Gracias! -contestó Rosa-. Y ahora, decidme, ¿puedo hacer a mi vez algo por vos?
-Podéis secar vuestros bellos ojos, querida niña -respondió Cornelius con su dulce sonrisa.
-Pero por vos... por vos...
-El que no dispone más que de una hora para vivir, es un gran sibarita si tiene necesidad de alguna cosa, querida Rosa.
-¿Ese ministro que os han ofrecido?
-He adorado a Dios toda mi vida, Rosa. Le he adorado en sus obras, bendecido en su voluntad. Dios no puede tener nada contra mí. No os pediré, pues, un ministro. El último pensamiento que me ocupa, Rosa, se relaciona con la glorificación de Dios. Ayudadme, que rida, os lo ruego, en el cumplimiento de este último pensamiento.
-¡Ah, señor Cornelius, hablad, hablad! -exclamó la joven inundada en lágrimas.
-Dadme vuestra bella mano, y prometedme no reíros, niña mía.
-¡Reír! -exclamó Rosa desesperada-. ¡Reír en este momento! Pero entonces ¿vos no me habéis mirado, señor Cornelius?
-Os he mirado, Rosa, con los ojos del cuerpo y los ojos del alma. Jamás mujer más bella, jamás alma más pura se había ofrecido a mí; y si no os miro más a partir de este momento, perdonadme, es porque, dispuesto a salir de la vida, prefiero no tener nada que echar de menos en ella.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-180
|