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El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.65

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En cuanto a Craeke, era imposible hallarlo, teniendo en cuenta que había abandonado Holanda.
Y en lo tocante al papel, era tan poco probable que se encontrara, que no se tomaron el trabajo de buscarlo.
El mismo Cornelius no insistió mucho sobre ese punto, ya que, suponiendo que aquel papel se hallara, podía no tener ninguna relación con la correspondencia que constituía el cuerpo del delito.
Los jueces parecieron querer empujar a Cornelius a defenderse mejor de lo que lo hacía; utilizaron frente a él aquella benigna paciencia que denota o bien a un magistrado interesado por el acusado, o bien a un vencedor que abate a su adversario, y que, siendo completamente dueño de él, no tiene necesidad de oprimirlo para perderlo.
Cornelius no aceptó en absoluto esta hipócrita protección, y en la última respuesta que profirió con la nobleza de un mártir y la calma de un justo, dijo:
-Me preguntáis, señores, cosas a las que no tengo nada que responder, sino la exacta verdad. Ahora bien, la exacta verdad es ésta. El paquete entró en mi casa por el camino que he explicado; protesto delante de Dios que ignoraba y que ignoro todavía su contenido; que solamente en el día de mi arresto supe que ese depósito era la correspondencia del ex gran pensionario con el marqués de Louvois. Protesto, finalmente, que ignoro cómo ha podido saberse que ese paquete estaba en mi casa, y sobre todo cómo puedo ser culpable por haber recogido lo que me traía mi ilustre y desgraciado padrino.
Éste fue todo el alegato de Cornelius. Los jueces deliberaron.
Consideraron:
Que todo brote de disensión civil es funesto por cuanto resucita la guerra que a todos interesa extinguir.
Uno de ellos, y era un hombre que pasaba por un profundo observador, estableció que ese joven tan flemático en apariencia, debía de ser muy peligroso en realidad, supuesto que debía ocultar bajo su manto de hielo que le servía de envoltura un ardiente deseo de vengar a los señores De Witt, sus allegados.
Otro hizo observar que el amor a los tulipanes se alía perfectamente con la política, y que está históricamente probado que varios hombres de los más peligro sos han trabajado en un jardín ni más ni menos como si fuera su oficio, aunque en el fondo estuvieran ocupados realmente en otra cosa.


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