El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.64
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Esta confidencia implicaba al ahijado en el crimen de su padrino.
Existía complicidad patente entre Corneille y Cor nelius.
Cornelius no se limitó a esta confesión: dijo toda la verdad con respecto a sus simpatías, sus
costumbres y sus familiaridades. Explicó su indiferencia en políticas, su amor por el estudio, por las artes, por las ciencias y por las flores. Contó que nunca, desde el día en que Corneille había venido a Dordrecht y le había confiado aquel depósito, lo había tocado ni incluso mirado.
Se le objetó que a ese respecto era imposible que dijera la verdad, ya que los papeles estaban encerrados justamente en un armario donde cada día se hundían las manos y los ojos.
Cornelius respondió que eso era verdad, pero que él no metía la mano en el cajón más que para asegurarse de que sus cebollas estaban bien secas; y que solamente dirigía la mirada a él para asegurarse de si sus cebollas comenzaban a germinar.
Se le objetó que su pretendida indiferencia con respecto a ese depósito no podía sostenerse razonablemente, porque resultaba imposible que habiendo recibido semejantes documentos de mano de su padrino, no conociera su importancia.
A lo que él respondió que su padrino Corneille le amaba mucho y, sobre todo, que era un hombre dema siado prudente como para haberle dicho nada acerca del contenido de aquellos papeles, ya que esta confidencia no hubiera servido más que para atormentar al depositario.
Se le objetó que si el señor De Witt hubiera actua do de esa forma, habría añadido al paquete en caso de accidente, un certificado constatando que su ahijado era completamente extraño a esa correspondencia, o bien, durante su proceso, le habría escrito alguna carta que pudiese servir para su justificación.
Cornelius respondió que probablemente su padrino no había pensado que su depósito corriera ningún peligro, oculto como estaba en un armario que era considerado tan sagrado como el Arca por toda la casa Van Baerle; que por consiguiente había juzgado el certificado inútil; que, en cuanto a una carta, tenía algún recuerdo de que un momento antes de su arresto, y cuando estaba absorto en la contemplación de una cebolla de las más raras, el servidor del señor Jean de Witt había entrado en el secadero y le había entregado un papel; pero que de todo aquello no le había quedado más que un recuerdo parecido al que se tiene de una visión, que el sirviente había desaparecido, y que en cuanto al papel, tal vez se encontraría si se le buscaba bien.
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