El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.60
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¡Inútil labor de tantos años! ¡Destrucción de tan dulces esperanzas! ¡Su descubrimiento iba pues a desembocar en la nada como él en la muerte...! En esta prisión, sin una brizna de hierba, sin un átomo de tie rra; sin un rayo de sol.
Ante ese pensamiento, Cornelius entró en una sombría desesperanza de la que no salió más que por una circunstancia extraordinaria.
¿Cuál fue esa circunstancia?
Esto es lo que nos reservamos para explicar en el capítulo siguiente.
X La Hija Del Carcelero
Aquella misma tarde, cuando traía la pitanza del prisionero, Gryphus, al abrir la puerta de la prisión, resbaló en el húmedo enlosado y trastabilló intentando sostenerse. Pero, apoyando la mano en falso, se rompió el brazo por encima de la muñeca.
Cornelius hizo un movimiento hacia el carcelero.
-No es nada -dijo Gryphus no dándose cuenta de la gravedad del accidente-. No os mováis.
Y quiso levantarse apoyándose sobre su brazo, pero el hueso se le dobló; solamente entonces sintió Gryphus el dolor y lanzó un grito.
Comprendió que tenía el brazo roto, y este hombre tan duro para los demás cayó desmayado sobre el umbral de la puerta, donde se quedó inerte y frío, parecido a un muerto.
Durante ese tiempo, la puerta de la prisión había permanecido abierta, y Cornelius se hallaba casi libre.
Pero no se le ocurrió la idea de aprovecharse de este accidente; había visto la forma en que el brazo se había doblado y el ruido que había hecho; sabía que existía fractura y dolor; no pensó en otra cosa que en socorrer al he rido, por mal intencionado que le hubiera parecido en la única entrevista que había tenido con él. Al ruido que Gryphus hizo al caer, al gemido que había dejado escapar, se oyó un paso precipitado en la escalera, y a la aparición que siguió inmediatamente al rumor de ese paso, Cornelius profirió un pequeño grito al que respondió el grito agudo de una joven.
La que había respondido al grito lanzado por Cor nelius era la bella frisona, que viendo a su padre tendido en el suelo y al prisionero inclinado sobr e él, creyó al principio que Gryphus, cuya brutalidad conocía, ha bía caído a continuación de una lucha sostenida entre aquél y su padre.
Cornelius comprendió lo que ocurría en el corazón de la joven en el mismo momento en que la sospecha entraba en la mente de aquélla.
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