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El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.52

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Resultado que satisfacía no solamente su venganza, sino su codicia.
Despierto, no pensaba más que en el gran tulipán negro; dormido, no soñaba más que con él.
Por último, el 19 de agosto, hacia las dos de la tarde, la tentación fue tan fuerte que Mynheer Isaac no pudo resistirla más tiempo.
En consecuencia, envió una denuncia anónima, la cual reemplazaba la autenticidad por la precisión, y la echó al correo.
Jamás papel venenoso deslizado e n los buzones de Venecia produjo un más rápido y terrible efecto.
Aquella misma noche, el principal magistrado recibió la comunicación; en el mismo instante convocó a sus colegas para la mañana siguiente. Al día siguiente por la mañana estaban reunidos, habían decidido el arresto y entregado la orden, a fin de que fuera ejecutada, a maese Van Spennen, que la había desempeñado, como hemos visto, con el deber de un digno holandés, arrestando a
Cornelius van Baerle en el preciso momento en que los orangistas de La Haya asaban los despojos de los cadáveres de Corneille y de Jean de Witt. Pero, sea por vergüenza o por debilidad ante el crimen, Isaac Boxtel no había tenido el valor de asestar aquel día su telescopio, ni sobre el jardín, ni sobre el taller, ni sobre el secadero.
Sabía muy bien lo que iba a pasar en la casa del pobre Cornelius para tener necesidad de mirar en ella. Incluso no se levantó cuando su único criado que envi diaba la suerte de los criados de Cornelius no menos amargamente que Boxtel envidiaba la suerte del amo, entró en su habitación. Boxtel le dijo:
-Hoy no me levantaré; estoy enfermo.
Hacia las nueve, oyó un gran ruido en la calle y tembló ante lo que significaba; en ese momento

estaba más pálido que un verdadero enfermo, más tembloroso que un verdadero febril. Entró su criado y Boxtel se ocultó bajo la sábana. -¡Ah, señor! -exclamó el criado, no sin imaginarse que iba, aun deplorando la desgracia ocurrida a
Van Baerle, a anunciar una buena noticia a su amo-. ¡Ah, señor! ¿No sabéis lo que pasa en este
momento? -¿Cómo quieres tú que lo sepa? -respondió Boxtel con voz casi ininteligible. -¡Pues bien! En este momento, mi señor Boxtel, están arrestando a vuestro vecino el doctor
Cornelius van Baerle, como culpable de alta traición a los Estados.


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