El tulipán negro (Alejandro Dumas) - pág.11
Indice General
|
Volver
Página 11 de 180
Jean besó tiernamente a su hermano en la frente y depositó suavemente sobre el colchón sus manos
enfermas.
-Corneille, mi pobre hermano -dijo-, sufrís mucho, ¿verdad?
-No sufro ya, hermano mío, porque os veo.
-¡Oh, mi pobre, querido Corneille! Entonces, en su defecto, soy yo el que sufre por veros así, os lo aseguro.
-Por eso he pensado más en vos que en mí mismo, y mientras me torturaban, no pensé en lamentarme más que una vez para decir: «¡Pobre hermano!» Pero ya que estáis aquí, olvidémoslo todo. Venís a buscarme, ¿verdad?
-Sí.
-Estoy curado; ayudadme a levantar, hermano mío, y veréis cómo camino bien.
-No tendréis que caminar mucho tiempo, hermano mío, porque tengo mi carroza en el vivero, detrás de los jinetes de De Tilly.
-¿Los jinetes de De Tilly? ¿Por qué están en el vivero?
-¡Ah! Es que se supone -dijo el ex gran pensionario con esa sonrisa de fisonomía triste que le era habitual- que las gentes de La Haya desearán vernos partir, y se teme algún tumulto.
-¿Un tumulto? -repitió Corneille clavando su mirada en su turbado hermano-. ¿Un tumulto?
-Sí, Corneille.
-Entonces, esto es lo que oía hace un momento -dijo el prisionero como hablándose a sí mismo. Luego, volviéndose hacia su hermano-: Hay mucha gente en la Buytenhoff, ¿no es verdad? -pregunté.
-Sí, hermano mío.
-Pero entonces, para venir aquí...
-¿Y bien?
-¿Cómo os han dejado pasar?
-Sabéis bien que no somos muy queridos, Corneille -explicó el ex gran pensionario con melancólica amargura-. He venido por las calles apartadas.
-¿Os habéis ocultado, Jean?
-Tenía el deseo de llegar hasta vos sin pérdida de tiempo, y he hecho lo que se hace en política y en el mar cuando se tiene el viento de cara: he bordeado.
En ese momento, el ruido ascendió más furioso de la plaza a la prisión. De Tilly dialogaba con la guardia burguesa.
-¡Oh! ¡Oh! -exclamó Corneille-. Sois realmente un gran piloto, Jean; pero no sé si sacaréis a vuestro hermano de la Buytenhoff, con esta marejada y con las rompientes populares, tan felizmente como condujisteis la flota de Tromp a Amberes, en medio de los bajos fondos del Escalda.
-Con la ayuda de Dios, Corneille, trataremos de hacerlo, por lo menos -respondió Jean-. Mas, primero, una palabra.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-180
|