El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.201
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D´Artagnan picó a su caballo, perola distancia continuó siendo igual.
El mosquetero prestó oído atento pero no oyó ni un resoplido del caballo blanco, no obstante dejar atrás los vientos.
El caballo negro, por el contrario, empezaba a roncar como si le hubiese dado un ataque de tos.
-Aunque reviente mi caballo, -pensó D´Artagnan, -debo darle alcance.
Y rasgando la boca del pobre animal y lacerándole las carnes vivas con sus espuelas, logró ganar sobre fouquet unas veinte toesas, es decir a tiro de pistola.
-¡Animo! ¡Animo! -murmuró el mosquetero; -el caballo blanco quizá se debilite también, y si no cae el caballo, caerá su amo. Pero caballo y caballero, continuaron derechos unidos, y poco a poco ganaron terreno.
D´Artagnan lanzó un grito salvaje que hizo volver el rostro al Fouquet, cuya montura conservaba bastantes fuerzas.
-¡Famoso caballo! -dijo con ronca voz D´Artagnan. -¡Voto al diablo! señor Fouquet, en nombre del rey, daos preso. -Y al ver que fouquet no respondía, aulló: -¿Me habéis oído, señor Fouquet?
El caballo de D´Artagnan dio un paso en falso.
-Sí, contestó lacónicamente el ministro.
D´Artagnan estuvo para volverse loco, la sangre afluyó a las sienes y a los ojos.
-¡En nombre del rey, deteneros, u os derribo de un pistoletazo! -gritó el mosquetero.
-Derribadme, -exclamó fouquet corriendo siempre. D´Artagnan tomó una de sus pistolas y la amartilló, esperando que el ruido al amartillarla detendría a su enemigo. También vos lleváis pistolas, defendeos, -le dijo.
Fouquet volvió el rostro, y mirando al gascón cara a cara, se desbrochó con la mano derecha el jubón; pero no tocó a las pistoleras.
Entre ellos apenas había veinte pasos.
-¡Voto al diablo! -exclamó D´Artagnan, -no os asesinaré; si no queréis disparar contra mí, rendíos. ¿Qué es la prisión?
-Prefiero morir, -respondió Fouquet; -así sufriré menos.
-Bueno, os prenderé vivo, -repuso D´Artagnan loco de desesperación y arrojando su pistola.
Y haciendo un prodigio de que sólo era él capaz, puso su caballo a diez pasos del caballo blanco; ya estiraba la mano para agarrar su presa, cuando Fouquet exclamó:
-Matadme; es más humano.
-No, vivo, vivo.
Pero el caballo de D´Artagnan dio otro paso en falso, y perdió terreno, y Fouquet se adelantó.
Al galope desencadenado había seguido el trote largo, y a éste el simple trote; la carrera parecía tan frenética como al principio a aquellos fatigados atletas.
-¡A vuestro caballo, no a vos! -gritó D´Artagnan fuera de sí, empuñando la segunda pistola y disparando sobre el caballo blanco.
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