El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.164
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-Un hijo a quien habéis conducido vos aquí, enmascarado, en la barca de un pescador, -dijo el conde de La Fere.
-¿Y de dónde habéis sacado vos que una barca de pescador?... -repuso D´Artagnan algo cortado.
-Una barca que os ha traído aquí junto con la carroza que encerraba al preso, a quien vos llamáis monseñor. Ya veis que lo sé.
-Aunque esto fuese verdad, -replicó el mosquetero, royéndose el bigote; -aunque fuese verdad que yo hubiese conducido aquí en una barca y con una carroza a un preso enmascarado, nada prueba que el preso sea un príncipe... de la casa real de Francia.
-Eso preguntádselo a Aramis, -contestó con frialdad el conde.
-¿A Aramis? -exclamó con turbación el mosquetero. -¿Habéis visto a Aramis?
-Si, después del contratiempo que sufrió en Vaux. He visto al Aramis fugitivo, perseguido, perdido, y por él he sabido lo bastante para creer en lo que aquel desventurado ha grabado en la fuente de plata.
-He aquí cómo Dios se burla de lo que los hombres llaman sabiduría, -repuso D´Artagnan con abatimiento. -¡Buen secreto el que ya conocen catorce o quince personas! Athos ¡maldito sea el azar que os ha puesto frente a mí en este asunto! porque ahora...
-¿Queréis decir que vuestro secreto se ha divulgado porque yo lo sé? -dijo Athos con severa dulzura. -¡Ay! otros más pesados he guardado en mi vida, y si no, recorred vuestra memoria.
-Pero nunca tan peligrosos, -replicó D´Artagnan con tristeza. -Sospecho que cuantos estén en este secreto morirán mal. -Cúmplase la voluntad de Dios, D´Àrtagnan. Pero aquí está el gobernador.
D´Artagnan y sus amigos se identificaron otra vez con los papeles que les tocaba desempeñar.
Aquel gobernador, suspicaz y duro, y muy obsequioso con D´Artagnan, se limitó a poner buena cara a sus huéspedes y a observarlos atentamente. Athos y Raúl notaron que el gobernador buscaba con frecuencia y repentinamente ponerles en un aprieto, o sorprenderlos; pero ninguno de los dos se desconcertó; dando así visos de verosimilitud, si no de verdad completa, a lo que dijera el mosquetero.
Acabada la comida, el gobernador se preparó para dormir la siesta.
-¿Cómo se llama ese hombre? tiene muy mal aspecto -dijo Athos en castellano a D´Artagnan.
-Saint-Mars, -respondió el mosquetero.
-¿Conque va a ser el carcelero del joven príncipe?
-¿Acaso lo sé yo? ¿Quién sabe si voy a pasar toda mi vida en esta isla?
-¿Quién? ¿vos? ¡Cá!
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