El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.151
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-¡A Dios! -exclamaron a una Athos y el príncipe. -¿Como?
-Mi intención es profesar y hacerme caballero de Malta, - prosiguió Bragelonne, vertiendo una a una sus palabras, más heladas que las gotas desprendidas de los negros árboles después de las tormentas invernales.
A este último golpe, Athos se tambaleó, el príncipe se sintió conmovido, y Grimaud exhaló un sordo gemido y dejó caer la botella, que se hizo añicos en la alfombra sin que ninguno de los presentes lo advirtiera.
Beaufort miró de hito en hito al vizconde, y por más que éste tenía los ojos clavados en el suelo, leyó en sus facciones una resolución inquebrantable.
En cuanto a Athos, conocedor como era del alma tierna e inflexible de su hijo, no contó hacerle desviar del camino que acababa de trazarse.
-Conde, -dijo Beaufort tendiendo la mano a Athos, -dentro de dos días salgo para Tolón. ¿Os veré en París para saber vuestra resolución definitiva?
Tendré la honra de ir allá para daros las gracias por todas vuestras bondades.
-No dejéis de llevaros al vizconde, tanto si me acompaña al Africa como no, -añadió el duque; -tiene mi palabra, y no le pido sino la vuestra.
Después de haber derramado un poco de bálsamo en la herida abierta en aquel corazón paternal, el duque dio un tirón de orejas a Grimaud, que parpadeaba más que de costumbre, y en la terraza se reunió con su escolta y se alejó.
PREPARATIVOS DE MARCHA
Athos, hombre fuerte por excelencia, no perdió más tiempo en combatir la inmutable resolución de su hijo; al contrario, empleó los dos días que el duque concedió en hacer preparar cuidadosamente el equipaje de Raúl por el buen Grimaud, que se aplicó a la tarea con el cariño y la inteligencia que todos sabemos.
El conde mandó a su fiel criado que una vez preparados los equipajes, saliese para País, y para no exponerse a hacer esperar al duque, o, a lo menos, a que Raúl fuese tachado de reacio si el duque advertía su ausencia, al día siguiente de la visita de Beaufort emprendió con su hijo el camino de París.
Athos se dirigió a casa de Planchet para saber de D´Artagnan; al llegar a la calle de los Lombardos, se encontró con que en la tienda del droguero había gran movimiento, pero no originado por la venta o la llegada de mercancías.
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