El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.148
Indice General
|
Volver
Página 148 de 295
-Quisisteis salir de Vincennes, monseñor.
-¡Hombre! ¿por ventura no me ayudasteis vos a salir de allí? A propósito, ¿dónde está Vaugrimaud que no lo veo por más que miro al todas partes? ¿Sigue bien?
-Vaugrimaud continúa siendo el más respetuoso servidor de Vuestra Alteza, -respondió Athos sonriéndose.
Traigo para él y por vía de legado cien doblones. Tengo hecho mi testamento, conde, y comprenderéis que si vieran el nombre de Grimaud en mi testamento...
El duque se echó a reír; luego se volvió hacia Raúl, que desde el comienzo de aquella conversación se quedó profundamente pensativo y le dijo:
-Joven, me consta que en esta casa hay cierto vino de Vauvray...
Raúl salió apresuradamente para servir al duque; el cual, una vez a solas con el conde, le tomó la mano y le preguntó, aludiendo a Bragelonne:
-¿Qué pensáis hacer de él?
-Por lo pronto, nada, monseñor.
-Ya, de resultas de la pasión del rey por... La Valiére.
-Esto es, monseñor.
-¿Conque es cierto lo que dicen?... Me baila por la mente que yo he visto en alguna parte a la muchacha esa, y si mal no recuerdo, no es hermosa.
-No lo es, monseñor. -¿Sabéis a quién me recuerda? -No sé, monseñor.
-Me recuerda a una moza no mal parecida, hija de una mujer que vivía en el mercado.
-¡Ah! -exclamó Athos sonriéndose.
-¡Qué hermosos tiempos aquellos! -dijo Beaufort. -Pues sí. La Valiére me recuerda a aquella muchacha.
-¿No tuvo un hijo?
-Paréceme que sí, -respondió el duque con indolente ingenuidad, con un olvido indecible. -De manera que el pobre Raúl... Es hijo vuestro, ¿no es verdad?
-Sí, monseñor.
-De manera que el pobre muchacho se ha visto desbancado por el rey, y de resultas, vos y él ponéis mala cara al soberano.
-Hacemos más que ponerle mala cara, monseñor; nos hemos separado de él.
-¿Vais a dejar que se pudra ese muchacho? Hacéis mal. Dádmelo al mí.
-Deseo conservarlo a mi lado, monseñor. No tengo más que él en el mundo, y mientras se avenga a permanecer...
-Bien, bien, -repuso el duque. -Sin embargo, yo lo hubiera reconciliado sin tardanza con el rey. Es de la madera de que se hacen los mariscales de Francia, y a más de uno de su fuste, he visto yo empuñar el bastón de mariscal.
-No digo que no, monseñor; pero como el rey es quien nombra a los mariscales de Francia, Raúl nunca aceptará cosa alguna de Su Majestad.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-295
|