El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.144
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-dijo Aramis - ¡Oh sabiduría de los hombres! ¡oh muela inmensa que tritura un mundo, y que a lo mejor es detenida por el grano de arena que cae no se sabe cómo en sus rodajes!
-¡Decid por un diamante, Herblay. En fin, ya el mal no tiene remedio. ¿Qué pensáis hacer?
-Me llevo conmigo a Porthos, pues el rey nunca querrá creer que nuestro buen amigo ha obrado candorosamente creyendo que al hacer la que ha hecho servía a su soberano. Pagaría con su cabeza mi falta, y no lo consiento.
-¿Adónde os le lleváis?
-Primeramente a Belle-Isle, que es un refugio inexpugnable; luego, y en una embarcación que tengo preparada, nos trasladaremos a Inglaterra, donde estoy bien relacionado.
-¿Vos a Inglaterra?
-O a España, donde todavía tengo más amigos.
-Al desterrar a Porthos, le arruináis, pues el rey confiscará sus bienes.
-Todo está previsto. Una vez en España, arbitraré la manera de reconciliarme con Luis XIV y de hacer que Porthos entre nuevamente en su gracias.
-Por lo que veo, gozáis de gran valimiento, -dijo Athos con discreción.
-Muy grande, y al servicio de mis amigos, amigo Athos, -dijo Aramis acompañando sus palabras de un sincero apretón de manos.
-Gracias, -repuso el conde.
-Y pues parece que viene rodado, perdonad que os diga que también vos y Raúl estáis descontentos a causa de los agravios que os ha inferido el rey. Imitad nuestro ejemplo. Pasad a BelleIsle, y luego veremos... Os doy palabra de que dentro de un mes habrá estallado la guerra entre Francia y España a causa de ese hijo de Luis XIII, que es también infante, y al cual Francia detiene inhumanamente. Ahora bien, como Luis XIV no querrá que por esta causa se encienda una guerra, os garantizo una transacción cuyo resultado será la grandeza de Porthos y mía, y un ducado en Francia para vos, que ya sois grande de España. ¿Aceptáis?
-No; prefiero tener algo que echar en cara al rey; es un orgullo natural entre los de mi linaje el aspirar a la superioridad sobre las estirpes reales. Si yo hiciese lo que me proponéis, quedaría obligado al rey, y cuanto ganaría en lo material, lo perdería en mi conciencia. Gracias.
-Pues dadme dos cosas: vuestra absolución...
-Si realmente os habíais propuesto vengar al débil y al oprimido contra el opresor, os la doy, Aramis.
-Me basta, -repuso Herblay sonrojándose. Ahora, dadme vuestros dos mejores caballos para el segundo relevo, pues so pretexto de un viaje que el señor de Beaufort hace por estos parajes, me los han negado en el relevo cercano.
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