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El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.116

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-Amigo mío, -replicó Aramis dando un acento de familiaridad desdeñosa al calificativo, -¿qué hace Dios para sustituir a un rey por otro?
-¡Dios! -prorrumpió Fouquet, -Dios delega a su agente, que toma al condenado, se lo lleva y hace sentar al triunfador en el trono vacío.
-Pero olvidáis que aquel agente es la muerte...
-¡Oh Dios! ¿acaso alentaríais la intención?...
-Nada de eso, monseñor. Vais más allá del fin. ¿Quién os habla de matar a Luis XIV? ¿quién de seguir el ejemplo de Dios en la estricta práctica de sus obras? No. Lo que yo quise deciros es que Dios hace las cosas sin trastorno, sin escándalo, sin esfuerzos, y que los hombres inspirados por Dios triunfan como él en cuanto emprenden, intentan y hacen.
-¿Qué queréis decir?
-Quiero decir, amigo mío, -prosiguió Aramis, -que si ha habido trastorno, escándalo, y aún esfuerzo en la sustitución del rey por el preso, os reto á que me lo probéis.
-¿Cómo? -exclamó Fouquet, más blanco que el pañuelo con que se enjugaba las sienes. -¿Qué decís?...
-Entrad en el dormitorio del rey, -continuó Aramis con pasmosa tranquilidad, -y no obstante estar vos en autos, os reto a que advirtáis que el preso de la Bastilla está acostado en la cama de su hermano.
-Pero ¿y el rey? -preguntó Fouquet sobrecogido de horror al oír tal nueva.
-¿Qué rey? -dijo Aramis con voz suave, -¿el que os odia o el que os quiere?
-El rey... de ayer.
-Tranquilizaos; ha ido a tomar en la Bastilla el puesto que por espacio de demasiado tiempo ha ocupado su víctima. -¡Dios de Dios! ¿Y quién le ha llevado a la Bastilla?
-Yo.
-¡Vos!
-Sí, y del modo más sencillo. Esta noche le he secuestrado, y mientras él bajaba a la obscuridad, el otro subía a la luz. Paréceme que eso no ha levantado el más leve ruido. Un relámpago sin trueno no despierta a nadie.
Fouquet lanzó un grito sordo, como si un ser invisible hubiese descargado sobre él un golpe terrible, y, tomándose la cabeza con las crispadas manos, murmuró:
-¿Vos habéis hecho eso?
-Con bastante destreza. ¿Qué? ¿no lo creéis?
-¿Vos habéis destronado al rey y reducido a prisión?
-Sí.
-¿Y la acción se ha consumado aquí, en Vaux?
-Sí, en la cámara de Morfeo. No parece sino que la construyeron en previsión de semejante acto.
-¿Y cuándo ha pasado eso?


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