Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas)

El hombre de la máscara de hierro (Alejandro Dumas) - pág.112

Indice General | Volver

Página 112 de 295



-¡Válgame Dios!
-No todo para aquí. ¿Recordáis la carta que escribisteis a La Valiére?
-¡Ay! es verdad.
-Pues sois traidor y sobornador.
-¿Por qué me ha perdonado pues, el rey?
-Todavía no hemos llegado a ese punto de nuestra argumentación. Lo que yo quiero es que ante todo quedéis bien impuesto de vuestra situación. El rey sabe que sois malversador de caudales del Estado... ¡Qué diantre!, ya sé yo que no habéis malversado un ardite; pero sea lo que fuere, Su Majestad no ha visto los resguardos, y, por lo tanto, no puede menos de teneros por criminal.
-Con todo eso, no veo...
-Ya veréis. Además, como el rey ha leído la carta que dirigisteis a La Valiére, no puede caberle duda alguna respecto de vuestros propósitos para con aquélla, ¿no es así?
-Sí; pero acabad de una vez.
-A eso voy. El rey es, pues, para vos un enemigo capital, implacable, eterno.
-De acuerdo. Pero ¿soy por ventura tan poderoso para que, pese al odio que me profesa y a los pretextos que mi debilidad o mi desgracia le proporcionan contra mí, no se haya atrevido a consumar mi perdición?
-Queda demostrado, -prosiguió Aramis con indiferencia, - que no hay reconciliación posible entre vos y el monarca.
-Pero me perdona.
-¿Lo creéis así? -preguntó el obispo fijando una mirada escrutadora en su interlocutor.
-Puedo no creer en la sinceridad del corazón, pero sí en la verdad del caso, -replicó Fouquet. Y al ver que Aramis encogía ligeramente los hombros, añadió: -Entonces ¿por qué os ha encargado Luis XIV que me dijerais lo que me habéis dicho?
-El rey no me ha encargado de nada para vos.
-¡De nada! -exclamó el superintendente en el colmo de la estupefacción. -Pues ¿y la orden?...
-¡Ah! es verdad, -repuso Aramis con acento tan singular, que Fouquet no pudo menos de estremecerse.
-Vos me ocultáis algo, Herblay. ¿Acaso el rey me destierra?
-Adivinado.
-Me asustáis.
-Señal que no habéis adivinado.
-¿Qué os ha dicho el rey? En nombre de nuestra amistad no me lo ocultéis.
-Nada.
-Vais a hacer que me muera de impaciencia, Herblay. ¿Continúo siendo superintendente?
-Mientras queráis.
-Pero ¿qué singular imperio habéis adquirido de repente en el ánimo de Su Majestad?
-Ya lo veis.
-Le hacéis obrar a vuestro antojo.
-Tal creo.
-Es inverosímil.
-Así dirán.
-Herblay, en nombre de nuestra alianza, de nuestra amistad y de cuanto más querido os sea en el mundo, decidme sin rodeos lo que hay.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-295  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados